Lavatorio de los pies

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Cuaresma - Triduo

 


Porque yo recibí del Señor lo que os he transmitido:
que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado,
tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo:
“Este es mi cuerpo que se da por vosotros;
haced esto en recuerdo mío.”

Asimismo también la copa después de cenar diciendo:
“Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre.
Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en recuerdo mío.”

Pues cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa,
anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga.
(1 Corintios 11, 23-26)

 
   

Jueves Santo
El día de la Eucaristía

 


La celebración del Jueves Santo está centrada
en la institución de la Eucaristía
en la que la Iglesia descubre
y celebra la actitud de amor fraterno de Cristo
que se continúa en el servicio de los cristianos.
Por eso también es el día sacerdotal.

"Porque yo recibí del Señor
lo que os he transmitido..."

La Eucaristía es tradición recibida del Señor a través de la Iglesia.
Por eso, nos reunimos en comunidad para celebrarla y al igual que los primeros cristianos, nos unimos con gestos y palabras.

La Eucaristía es sacrificio, memorial.
Es sacrificio pues la sangre es símbolo de la nueva alianza realizada en la cruz del Señor.
Memorial, no simple recuerdo: La acción litúrgica realiza verdaderamente la salvación.
El pasado (la cruz del Señor) se hace accesible en el presente (la vida de la Iglesia) por medio de la celebración.

Es anuncio de la muerte del Señor hasta que vuelva.
El Señor presente en la Eucaristía es ya un anticipo ante el mundo de lo que será la culminación de la obra salvadora de Dios.

ultima cena

«Este es el Misterio de la fe». Con esta expresión, pronunciada inmediatamente después de las palabras de la consagración, el sacerdote proclama el misterio celebrado y manifiesta su admiración ante la conversión sustancial del pan y el vino en el cuerpo y la sangre del Señor Jesús, una realidad que supera toda comprensión humana.
En efecto, la Eucaristía es «misterio de la fe» por excelencia: «es el compendio y la suma de nuestra fe» La fe de la Iglesia es esencialmente fe eucarística y se alimenta de modo particular en la mesa de la Eucaristía. La fe y los sacramentos son dos aspectos complementarios de la vida eclesial. La fe que suscita el anuncio de la Palabra de Dios se alimenta y crece en el encuentro de gracia con el Señor resucitado que se produce en los sacramentos: «La fe se expresa en el rito y el rito refuerza y fortalece la fe».
Por eso, el Sacramento del altar está siempre en el centro de la vida eclesial; «gracias a la Eucaristía, la Iglesia renace siempre de nuevo».
Cuanto más viva es la fe eucarística en el Pueblo de Dios, tanto más profunda es su participación en la vida eclesial a través de la adhesión consciente a la misión que Cristo ha confiado a sus discípulos. La historia misma de la Iglesia es testigo de ello. Toda gran reforma está vinculada de algún modo al redescubrimiento de la fe en la presencia eucarística del Señor en medio de su pueblo.

(Exhortación Apostólica Sacramentum Caritatis,
n 6, Benedicto XVI)

   


(Jesús) se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó.
Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos
con la toalla con que estaba ceñido.
Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”,
y decís bien, porque lo soy.
Pues si yo, el Señor y el Maestro,
os he lavado los pies,
vosotros también debéis lavaros los pies
unos a otros
.
Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros.

(Juan 13, 4-5. 13-15)

 

Lavado


El lavatorio de los pies, es el gesto propio de la celebración del Jueves Santo
la liturgia resalta este gesto de Jesús en forma muy especial.
En él tenemos el resumen de todo lo que significa este día.
El Jueves Santo está centrado en el amor de Cristo
que se entrega por sus hermanos.
Es el día del amor fraterno.
El sacrificio de Cristo debe comprometernos a amarnos.
Es un día para examinarnos en el amor a la luz de Cristo.
No se trata de buenas palabras, sino de hechos.

 


Alzando los ojos al cielo, Jesús dijo:

"Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti.
Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado.
Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo.
Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar.
Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese.
He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra.
Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti;
porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado.
Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos.

Juan 17, 1-9

 



MM


Luego de la misa de la Institución de la Eucaristía, todo se sume en silencio, contemplación y espera.

Este es el momento en que la figura de María tiene un relieve excepcional.

Ella seguirá a su hijo con el corazón traspasado de dolor en la noche
que seguramente fue la más larga de su vida.
Le seguió con dolor infinito, con el dolor que sólo una madre puede tener...
pero con una fortaleza y temple, que es signo de su completa y total entrega a Dios.
Entrega confiada y segura de que todo, a pesar de que el pensamiento se nuble de dolor, es para bien.

María, la fuerte mujer de pueblo nos enseña y acompaña.

 

huerto



Es el momento de acompañar a Jesús en la Oración de entrega total.

Su ejemplo interpela e invita a cada varón y mujer a entregarse con el mismo amor sin límites a cada hermano.

 

   
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