Meditación de la Letanía del Sagrado Corazón de Jesús 1 - Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo 27 de junio, 1982 1. Así rezamos en las letanías al Sacratísimo Corazón. Esta invocación se refiere directamente al misterio que meditamos, al rezar el Angelus Domini: por obra del Espíritu Santo fue formada en el seno de la Virgen de Nazaret la Humanidad de Cristo, Hijo del Eterno Padre. ¡Por obra del Espíritu Santo fue formado en esta Humanidad el Corazón! El Corazón, que es el órgano central del organismo humano de Cristo y, a la vez, el verdadero símbolo de su vida interior: del pensamiento, de la voluntad, de los sentimientos. Mediante este Corazón la Humanidad de Cristo es, de modo particular, "el templo de Dios" y, al mismo tiempo, mediante este Corazón, está incesantemente abierta al hombre y a todo lo que es "humano". "Corazón de Jesús de cuya plenitud todos hemos recibido". 2. El mes de junio está dedicado, de modo especial, a la veneración del Corazón divino. No sólo un día, la fiesta litúrgica que, de ordinario, cae en junio, sino todos los días. Con esto se vincula la devota práctica de rezar o cantar cotidianamente las letanías al Sacratísimo Corazón de Jesús. Las letanías del Corazón de Jesús se inspiran abundantemente en las fuentes bíblicas y, al mismo tiempo, reflejan las experiencias más profundas de los corazones humanos. Son, a la vez, oración de veneración y de diálogo auténtico. Hablamos en ellas del corazón y, al mismo tiempo, dejamos a los corazones hablar con este único Corazón, que es "fuente de vida y de santidad" y "deseo de los collados eternos". Del Corazón que es "paciente y lleno de misericordia" y "generoso para todos los que le invocan". Esta oración, rezada y meditada, se convierte en una verdadera escuela del hombre interior: la escuela del cristiano. La solemnidad del Sacratísimo Corazón de Jesús nos recuerda, sobre todo, los momentos en que este Corazón fue "traspasado por la lanza" y, mediante esto, abierto de manera "Visible" al hombre y al mundo. Al rezar las letanías - y en general al venerar al Corazón Divino -conocemos el misterio de la redención en toda su divina y, a la vez, humana profundidad. Simultáneamente, nos hacemos sensibles a la necesidad de reparación. Cristo nos abre su Corazón para que nos unamos con El en su reparación por la salvación del mundo. Hablar del Corazón Traspasado es decir toda la verdad de su Evangelio y de la Pascua. Tratemos de captar cada vez mejor este lenguaje. Aprendámoslo. 2 - Corazón de Jesús : Hijo del Eterno Padre 2 de junio, 1985 Hoy, primer domingo del mes de junio, la Iglesia encuentra en el Corazón de Cristo el acceso al Dios que es la Santísima Trinidad: al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Este único Dios - Uno y Trino a la vez - es un misterio inefable de la fe. Verdaderamente él "habita en una luz inaccesible" (1 Tm 6,16). Y, al mismo tiempo, el Dios infinito ha permitido que le abrace el Corazón de un Hombre cuyo nombre es Jesús de Nazaret, Jesucristo. Y a través del Corazón del Hijo, Dios Padre se acerca también a nuestros corazones y viene a ellos. Y así cada uno de nosotros es bautizado "en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo". Cada uno de nosotros está inmerso, desde el principio, en el Dios Uno y Trino, en el Dios vivo, en el Dios vivificante. A este Dios lo confesamos como Espíritu Santo que, procediendo del Padre y del Hijo, "da la vida". 2. El Corazón de Jesús fue "formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Madre". El Dios que "da la vida" y "se entrega al hombre" comenzó la obra de su economía salvífica haciéndose hombre. Justamente en la concepción virginal y en su nacimiento de María, comienza su corazón humano "formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Madre". A este Corazón queremos venerar durante el mes de junio. A este Corazón hoy mismo queremos hacerle singular fiduciario de nuestros pobres corazones humanos, de los corazones probados de diversas maneras, oprimidos de diversos modos. Y también de los corazones confiados en la potencia del mismo Dios y en la potencia salvífica de la Santísima Trinidad. 3. María, Madre Virgen, que conoces mejor que nosotros el Corazón Divino de tu Hijo, únete a nosotros hoy en esta adoración a la Santísima Trinidad e igualmente en la humilde oración por la Iglesia y el mundo. Tu sola eres la guía de nuestra plegaria. 3 - Corazón de Jesús formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Madre 2 de julio, 1989 1. El 2 de junio pasado, hace exactamente un mes, celebramos la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Quiero reanudar junto con vosotros la meditación sobre las riquezas de este Corazón Divino, continuando la reflexión ya iniciada hace tiempo acerca de las letanías dedicadas a El. Una de las invocaciones más profundas de tales letanías dice así: "Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Madre, ten misericordia de nosotros." Encontramos aquí el eco de un articulo central del Credo, en el que profesamos nuestra fe en "Jesucristo, Hijo único de Dios", que "bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre." La santa humanidad de Cristo es, por consiguiente, obra del Espíritu divino y de la Virgen de Nazaret. 2. Es obra del Espíritu. Esto afirma explícitamente el Evangelista Mateo refiriendo las palabras del Ángel a José: "Lo engendrado en Ella (María) es del Espíritu Santo" (Mt1,20); y lo afirma también el Evangelista Lucas, recordando las palabras de Gabriel a María: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra" (Lc 1,35). El Espíritu ha plasmado la santa humanidad de Cristo: su cuerpo y su alma, con toda la inteligencia, la voluntad, la capacidad de amar. En una palabra, ha plasmado su corazón. La vida de Cristo ha sido puesta enteramente bajo el signo del Espíritu. Del Espíritu le viene la sabiduría que llena de estupor a los doctores de la ley y a sus conciudadanos, el amor que acoge y perdona a los pecadores, la misericordia que se inclina hacia la miseria del hombre, la ternura que bendice y abraza a los niños, la comprensión que alivia el dolor de los afligidos. Es el Espíritu quien dirige los pasos de Jesús, lo sostiene en las pruebas, sobre todo lo guía en su camino hacia Jerusalén, donde ofrecerá el sacrificio de la Nueva Alianza, gracias al cual se encenderá el fuego que El trajo a la tierra (Le 12,49). 3. Por otra parte, la humanidad de Cristo es también obra de la Virgen. El Espíritu plasmó el Corazón de Cristo en el seno de María, que colaboró activamente con El como madre y como educadora. ...como Madre, Ella se adhirió consciente y libremente al proyecto salvífico de Dios Padre, siguiendo en un silencio lleno de adoración, el misterio de la vida que en Ella había brotado y se desarrollaba; ...como educadora, Ella plasmó el Corazón de su propio Hijo, introduciéndolo, junto con San José, en las tradiciones del pueblo elegido, inspirándole el amor a la ley del Señor, comunicándole la espiritualidad de los "pobres del Señor." Ella lo ayudó a desarrollar su inteligencia y seguramente ejerció influjo en la formación de su temperamento. Aun sabiendo que su Niño la trascendía por ser "Hijo del Altísimo" (cf. Lc 1,32), no por ello la Virgen fue menos solicita de su educación humana (cf. Lc. 2,51). Por tanto podemos afirmar con verdad: en el Corazón de Cristo brilla la obra admirable del Espíritu Santo: en El se hallan también los reflejos del corazón de la Madre. Tanto el corazón de cada cristiano como el Corazón de Cristo: dócil a la acción del Espíritu, dócil a la voz de la Madre. 4 - Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo de Dios 9 de julio, 1989 "Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo de Dios, ten piedad de nosotros". 1. La expresión "Corazón de Jesús" nos hace pensar inmediatamente en la humanidad de Cristo, y subraya su riqueza de sentimientos, su compasión hacia los enfermos, su predilección por los pobres, su misericordia hacia los pecadores, su ternura hacia los niños, su fortaleza en la denuncia de la hipocresía, del orgullo y de la violencia, su mansedumbre frente a sus adversarios, su celo por la gloria del Padre y su júbilo por sus misteriosos y providentes planes de gracia. Con relación a los hechos de la pasión, la expresión Corazón de Jesús" nos hace pensar también en la tristeza de Cristo por la traición de Judas, el desconsuelo por la soledad, la angustia ante la muerte, el abandono filial y obediente en las manos del Padre. Y nos habla sobre todo del amor que brota sin cesar de su interior: amor infinito hacia el Padre y amor sin límites hacia el hombre. 2. Ahora bien, este Corazón humanamente tan rico, "está unido - como nos recuerda la invocación -, a la Persona del Verbo de Dios". Jesús es el Verbo de Dios Encarnado: en El hay una sola Persona, la eterna del Verbo, subsistente en dos naturalezas, la divina y la humana. Jesús es uno, en la realidad, la angustia ante la muerte, al mismo tiempo perfecto en su divinidad y perfecto en nuestra humanidad: es igual al Padre por lo que se refiere a la naturaleza divina, e igual a nosotros por lo que se refiere a su naturaleza humana: verdadero Hijo de Dios y verdadero Hijo del hombre. El Corazón de Jesús, por tanto, desde el momento de la Encarnación, ha estado y estará siempre unido a la Persona del Verbo de Dios. Por la unión del Corazón de Jesús a la Persona del Verbo de Dios podemos decir: en Jesús Dios ama humanamente, sufre humanamente, goza humanamente. Y vise versa: en Jesús el amor humano, el sufrimiento humano, la gloria humana adquieren intensidad y poder divinos. 3. Queridos hermanos y hermanas: Reunidos para la oración del Angelus, contemplemos con María el Corazón de Cristo. La Virgen vivió en la fe, día tras día, junto a su Hijo Jesús: sabía que la carne de su Hijo había florecido de su carne virginal, pero intuía que El, por ser "Hijo del Altísimo" (Lc 1,32), la trascendía infinitamente: el Corazón de su Hijo estaba "unido a la Persona del Verbo". Por esto, Ella lo amaba como Hijo suya y al, mismo tiempo lo adoraba como a su Señor y su Dios. Que Ella nos conceda también a nosotros amar y adorar a Cristo, Dios y Hombre, sobre todas las cosas, "con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente" (cf. Mt 22,37). De esta manera, siguiendo su ejemplo, seremos objeto de las predilecciones divinas y humanas del Corazón de su Hijo. 5 - Corazón de Jesús, de Majestad Infinita 16 de junio, 1985 1. Por medio del Corazón Inmaculado de María queremos dirigirnos al Corazón Divino de su Hijo, al Corazón de Jesús, de Majestad infinita. Mirad: la infinita Majestad de Dios se oculta en el Corazón humano del Hijo de María. Este Corazón es nuestra Alianza. Este Corazón es la máxima cercanía de Dios con relación a los corazones humanos y a la historia humana. Este Corazón es la maravillosa "condescendencia" de Dios: el Corazón humano que late con la vida divina: la vida divina que late en el corazón humano. 2. En la Santísima Eucaristía descubrimos con el "sentido de la fe" el mismo Corazón, -el Corazón de Majestad infinita- que continúa latiendo con el amor humano de Cristo, Dios-Hombre. ¡Cuán profundamente sintió este amor el Santo Papa Pío X! Cuánto deseó que todos los cristianos, desde los años de la infancia, se acercasen a la Eucaristía, recibiendo la santa comunión: para que se unieran a este Corazón que es, al mismo tiempo, para cada uno de los hombres "Casa de Dios y Puerta del Cielo". "Casa" ya que, mediante la comunión Eucarística el Corazón de Jesús extiende su morada a cada uno de los corazones humanos. "Puerta" porque en cada uno de estos corazones humanos, El abre la perspectiva de la eterna unión con la Santísima Trinidad. 3. ¡Madre de Dios! Mientras meditamos el misterio de tu Anunciación, nos acercamos a este Corazón Divino, el Corazón de Majestad infinita, Casa de Dios y Puerta del cielo; a este Corazón que, desde el momento de la Anunciación del Ángel, comenzó a latir junto a tu Corazón virginal y materno. 6 - Corazón de Jesús, Templo Santo de Dios 9 de junio, 1985 1. A la hora de la común oración del Angelus, nos dirigimos, juntamente con María - por medio de su Corazón Inmaculado - al Corazón Divino de su Hijo. ¡Corazón de Jesús - Templo santo de Dios! Corazón de un Hombre semejante a tantos otros corazones humanos y, a la vez, Corazón de Dios-Hijo. Por tanto, sí es verdad que cada uno de los hombres 'habita"- de algún modo, en su corazón, entonces, en el Corazón del Hombre de Nazaret, de Jesucristo, habita Dios. Es "templo de Dios" por ser Corazón de este hombre. 2. Dios-Hijo está unido con el Padre, como Verbo Eterno. "Dios de Dios, Luz de Luz... engendrado no creado". El Hijo está unido con el Padre en el Espíritu Santo, que es el "soplo" del Padre y del Hijo y es, en la Divina Trinidad, la Persona-Amor. El Corazón del Hombre Jesucristo es, pues, en el sentido trinitario, "Templo de Dios": es el templo interior del Hijo que está unido con el Padre en el Espíritu Santo mediante la unidad de la Divinidad. ¡Qué inescrutable permanece el misterio de este Corazón, que es "Templo de Dios" y "Tabernáculo del Altísimo". 3. Al mismo tiempo, es la verdadera "morada de Dios con los hombres" (Ap 21,3), porque el Corazón de Jesús, en su templo interior abrazo a todos los hombres. Todos habitan allí, abrazados por el eterno amor. A todos pueden dirigirse - en el Corazón de Jesús - las palabras del Profeta: "Con amor eterno te amé, por eso prolongué mi misericordia" (Jer 31,3). 4. Que esta fuerza del eterno amor que está en el Corazón Divino de Jesús, se comunique hoy de modo particular a los jóvenes que reciben la confirmación. En ellos debe habitar de modo particular el Espíritu Santo. Que se conviertan, pues, también sus corazones a semejanza de Cristo - en "templo santo de Dios" y "tabernáculo del Altísimo". Con frecuencia he oído cantar a los jóvenes: "¿Vosotros sabéis que sois un templo?" Sí, somos templo de Dios y el Espíritu Santo habita en nosotros, según las palabras de San Pablo (cf. 1 Cor 3,16). 5. Por medio del Corazón Inmaculado de María permanezcamos en la Alianza con el Corazón de Jesús que es "Templo de Dios" el más espléndido "Tabernáculo del Altísimo", el más perfecto. 7 - Corazón de Jesús, Hoguera Ardiente de Caridad 23 de junio, 1985 1. "Corazón de Jesús - horno ardiente de caridad." Durante la oración del Angelus deseamos dirigir, juntamente con la Madre de Dios, nuestros corazones hacia el Corazón de su Hijo Divino. Nos hablan profundamente las invocaciones de estas espléndidas letanías, que rezamos o cantamos sobre todo en el mes de junio. Que la Madre nos ayude a entender mejor los misterios del Corazón de su Hijo. 2. "Horno de caridad" El horno arde. Al arder, quema todo lo material, sea leña u otra sustancia fácilmente combustible. El Corazón de Jesús, el Corazón humano de Jesús, quema con el amor que lo colma. Y este es el amor al Eterno Padre y el amor a los hombres; a las hijas y los hijos adoptivos. El horno, quemando, poco a poco se apaga. El Corazón de Jesús, en cambio, es horno inextinguible. En esto se parece a la "zarza ardiente" del libro del Éxodo, en la que Dios se reveló a Moisés. Era una zarza que ardía con el fuego, pero... no se "consumía" (Ex 3,2). Efectivamente, el amor que arde en el Corazón de Jesús es sobre todo el Espíritu Santo, en el que Dios-Hijo se une eternamente al Padre. El Corazón de Jesús, el Corazón humano del Dios-Hombre, está abrazado por la "llama viva" del Amor Trinitario, que jamás se extingue. 3. Corazón de Jesús-horno, ardiente de caridad. El horno, mientras arde, ilumina las tinieblas de la noche y calienta los cuerpos de los viandantes ateridos. Hoy queremos rogar a la Madre del Verbo Eterno, para que en el horizonte de la vida de cada uno de nosotros no cese nunca de arder el Corazón de Jesús, "horno ardiente de caridad." Para que El nos revele el Amor que no se extingue ni se deteriora jamás, el Amor que es eterno. Para que ilumine las tinieblas de la noche terrena y caliente los corazones. 4. ¡Cuánto se alegra la Iglesia por el hecho de que en este Corazón Divino se enciendan de amor los corazones humanos! Cuánto se alegra hoy porque en este amor, se encendió el corazón del Padre Benito Menni, sacerdote de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios y fundador de la congregación de las Religiosas Hospitalarias del Sacratísimo Corazón de Jesús. También se encendió el corazón de fray Pedro Friedhofen, laico, fundador de los Hermanos de la Misericordia de María Auxiliadora. 5. Dándole las gracias por el único amor capaz de transformar el mundo y la vida humana, nos dirigimos con la Virgen Inmaculada, en el momento de la Anunciación, al Corazón Divino que no cesa de ser "horno ardiente de caridad". Ardiente: como la "zarza" que Moisés vio al pie del monte Horeb. cf. n. 10 (21 de Julio, 1985) 8 - Corazón de Jesús, asilo de Justicia y de Amor 30 de junio, 1985 1. "Corazón de Jesús, santuario de justicia y caridad." Del centro de nuestra asamblea, reunida en el día conclusivo del Congreso Eucarístico en Téramo se eleva - como siempre a esta hora - la plegaria del Angelus. Meditemos junto con la Virgen de Nazaret en el momento de la Anunciación. Meditemos en el misterio de la Encarnación: "El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn 1,14): en efecto, vino a habitar en el seno de María, en su Corazón. 2. Entre el Corazón de la Madre y el Corazón del Niño -de su Hijo- se estrecha desde el principio un vinculo: ¡una espléndida unión de corazones! El Corazón de María es el primero que habló al Corazón de Jesús. El primero, se puede decir, que recitó las letanías a este Corazón. Todos nosotros nos unimos a Ella. 3. Corazón de Jesús, Santuario de Justicia: En Ti el Eterno Padre ha ofrecido a la humanidad la justicia que hay en la Santísima Trinidad, en Dios mismo. La justicia que es de Dios, constituye el fundamento definitivo de nuestra justificación. Esta justicia viene a nosotros mediante el amor. Cristo nos ha amado y se ha dado a si mismo por nosotros (cf. Ga 2,20). ¡Y precisamente con este darse mediante el amor más potente que la muerte, nos ha justificado! "El fue resucitado para nuestra justificación" (Rm 4, 25). 4. A la hora del Angelus, el Congreso Eucarístico de Téramo ora profesando junto con la Madre de Dios los misterios del Sacratísimo Corazón de Jesús. Estos -misterios expresados de modo tan espléndido en las invocaciones de las letanías, nos guíen, por los caminos de la vida terrena, a la patria eterna del Corazón divino, cuando Dios enjugue toda lágrima de los ojos humanos- (cf. Ap 7,17; 21,4), cuando El mismo esté "en todas las cosas" (1 Co 15,28). 9 - Corazón de Jesús, "Santuario de Justicia y Amor. 14 de julio, 1985 1. La oración del Angelus nos recuerda cada vez ese momento salvífico en el que, bajo el Corazón de la Virgen de Nazaret, comenzó a latir el Corazón del Verbo, del Hijo de Dios. En su seno se hizo hombre, por obra del Espíritu Santo. En el seno de María fue concebido el hombre, y fue concebido el Corazón. 2. Este Corazón es - como todo corazón humano - un centro, un santuario en el que palpita con un ritmo especial la vida espiritual. Corazón, resonancia insustituible, de todo lo que experimenta el espíritu del hombre. Todo corazón humano está llamado a palpitar con el ritmo de la justicia y del amor. Por esto se mide la verdadera dignidad del hombre. 3. ¡El Corazón de Jesús palpita con el ritmo de la justicia y del amor según la mismo medida divina! Este es precisamente el Corazón del Dios-Hombre. En El se debe cumplir hasta el final toda justicia de Dios hacia el hombre, y también, en cierto sentido, la justicia del hombre hacia Dios. En el corazón humano del Hijo de Dios se ofrece a la humanidad la justicia de Dios mismo. Esta justicia es al mismo tiempo el don del Amor. Por medio del Corazón de Jesús, el amor entra en la historia de la humanidad como Amor subsistente: "porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo" (Jn 3,16). 4. Deseamos mirar con los ojos de la Virgen Inmaculada la luz de aquel admirable misterio: ¡La justicia que se revela como Amor! ¡Amor que llena hasta el borde todo medida de la justicia! ¡Y la sobrepasa! Oremos , a fin de que mediante el Corazón de la Madre de Dios, el Corazón de Jesús, como "santuario de justicia y amor" se convierta para nosotros en "camino, verdad y vida". 10 - Corazón de Jesús, lleno de Bondad y de Amor 21 de julio, 1985 1. Corazón de Jesús, "lleno de bondad y de amor". Deseamos, en nuestra plegaria del Angelus Domini, dirigirnos al Corazón de Cristo, siguiendo las palabras de las letanías. Deseamos hablar al Corazón del Hijo mediante el Corazón de la Madre. ¿Qué puede haber más bello que el coloquio de estos dos corazones? Queremos participar en él. 2. El Corazón de Jesús es "horno ardiente de caridad", porque el amor posee algo de la naturaleza del fuego, que arde y quema para iluminar y calentar. Al mismo tiempo, en el sacrificio del Calvario el corazón del Redentor no fue aniquilado con el fuego del sufrimiento. Aunque humanamente muerto, como constató el centurión Romano cuando traspaso el costado de Cristo con la lanza, en la economía divina de la salvación este Corazón quedó vivo, como manifestó la Resurrección. 3. He aquí que el Corazón vivo del Redentor resucitado y glorificado, lleno de bondad y de amor": infinita y sobreabundantemente lleno. El rebosar del corazón humano alcanza en Cristo la medida divina. Así fue este Corazón ya durante los días de la vida terrena. Lo testimonia cuanto está narrado en el Evangelio. La plenitud del amor se manifiesta a través de la bondad: a través de la bondad irradiaba y se difundía sobre todos, en primer lugar sobre los que sufren y los pobres. Sobre todos según sus necesidades y expectativas más verdaderas. Así es el Corazón humano del Hijo de Dios, incluso después de la experiencia de la cruz y del sacrificio. Mejor dicho, todavía más: rebosante de amor y de bondad. 4. En el momento de la Anunciación comenzó el coloquio del Corazón de la Madre con el Corazón del Hijo. Nos unimos hoy a este coloquio, meditando el misterio de la Encarnación en la plegaria del Angelus Domini. 11 - Corazón de Jesús, Abismo de todas las Virtudes 28 de julio, 1985 1. "Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes". Bajo el Corazón de la Madre fue concebido el Hombre. El Hijo de Dios fue concebido como Hombre. Para venerar el momento de esta concepción, es decir, el misterio de la Encarnación, nos unimos en la plegaria del Angelus Domini. Bajo la luz del momento de la concepción, bajo la luz del misterio de la Encarnación miramos toda la vida de Jesús, nacido de María. Siguiendo las invocaciones de las Letanías, tratamos de describir en cierto sentido esta vida desde el interior: a través del Corazón. 2. El corazón decide de la profundidad del hombre. Y, en todo caso, indica la medida de esa profundidad, tanto en la experiencia interior de cada uno de nosotros, como en la comunicación interhumana. La profundidad de Jesucristo, indicada con la medida de su Corazón, es incomparable. Supera la profundidad de cualquier otro hombre, porque no es solamente humana, sino al mismo tiempo divina. 3. Esta divina-humana profundidad del Corazón de Jesús es la profundidad de las virtudes: de todas las virtudes. Como un verdadero hombre Jesús expresa el lenguaje interior de su Corazón mediante las virtudes. En efecto, analizando su conducta se pueden descubrir e identificar todas estas virtudes, como históricamente emergen del conocimiento de la moral humana: las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) y las otras que derivan de ellas. (Estas virtudes las han poseído en grado elevado los santos y, si bien siempre con la gracia divina, los grandes genios del ethos humano). 4. La invocación de las Letanías habla de forma muy bella de un "abismo" de las virtudes de Jesús. Este abismo, esta profundidad, significa un grado especial de la perfección de cada una de las virtudes y su poder particular. Esta profundidad y poder de cada una de las virtudes proviene del amor. Cuanto más enraizadas están en el amor todas las virtudes, tanto mayor es su profundidad. Hay que añadir que, además del amor, también la humildad decide la profundidad de las virtudes, Jesús dijo: "Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón" (Mt 11,29). 5. Al recitar el Angelus Domini, recemos a María para que nos acerque cada vez más al Corazón de su Hijo; para que nos ayude a aprender de El, sus propias virtudes. 12 - Corazón de Jesús, Dignísimo de toda Alabanza 4 de agosto, 1985 1. Queridos hermanos y hermanas: Nos encontramos reunidos para venerar el momento único en la historia del universo en el que Dios-Hijo se hace hombre bajo el Corazón de la Virgen de Nazaret. Es el momento de la Anunciación que refleja la oración del "Angelus Domini": "Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, a quien podrás por nombre Jesús. El será... llamado Hijo del Altísimo" (Lc 1,31-32). María dice: "Hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38). Y desde aquel momento su Corazón se prepara a acoger al Dios-Hombre: ¡"Corazón de Jesús dignísimo de toda alabanza". 2. Nos unimos con la Madre de Dios para adorar a este Corazón del Hombre que, mediante el misterio de la unión hipostática (unión de las dos naturalezas), es al mismo tiempo el Corazón de Dios. Tributamos a Dios la adoración debida al Corazón de Cristo Jesús, desde el primer momento de su concepción en el seno de la Virgen. Junto con María le tributamos la misma adoración en el momento del nacimiento: cuando vino al mundo en la extrema pobreza de Belén. Le tributamos la misma adoración, junto con María, durante todos los días y los años de su vida oculta en Nazaret, durante todos los días y los años en los que cumple su servicio mesiánico en Israel. Y cuando llega el tiempo de la pasión, del despojamiento, de la humillación y del oprobio de la cruz, nos unimos todavía más ardientemente al Corazón de la Madre para gritar: ¡"Corazón de Jesús.. dignísimo de toda alabanza". Sí, ¡Dignísimo de toda alabanza precisamente este oprobio y humillación! En efecto, es entonces que el Redentor alcanza el culmen del amor de Dios. ¡Y el Amor es digno de toda alabanza! Nosotros "no nos gloriaremos a no ser en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo" (cf. Ga 6,14), escribirá San Pablo, mientras San Juan enseña: "Dios es amor" (1 Jn 4,8). 3. Jesucristo está en la gloria de Dios Padre. De esta gloria rodeó el Padre, en el Espíritu Santo, el Corazón de su Hijo glorificado. Esta gloria anuncia en los siglos, la asunción al cielo del Corazón de su Madre. Y todos nosotros nos unimos con Ella para confesar: "Corazón Jesús, dignísimo de toda alabanza, ten piedad de nosotros". 13 - Corazón de Jesús Rey y Centro de todos los corazones 25 de agosto,1985 "Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones". 1. Jesucristo es rey de los corazones. Sabemos que durante su actividad mesiánica en Palestina el pueblo, al ver los signos que hacia, quiso proclamarlo rey. 2. Sabemos también que ante el tribunal de Pilato Jesús de Nazaret a la pregunta: ¿Tú eres rey ... ? respondió:"Mi reino no es de este mundo... Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz"(Jn 18,33. 36-37). 3. En este mundo Cristo es rey de los corazones. Nunca quiso ser soberano temporal, ni siquiera sobre el trono de David.Sólo deseó ese reino que no es de este mundo y que, al mismo tiempo, en este mundo se arraiga por medio de la verdad en los corazones humanos: en el hombre interior. 4. Y confirmó de nuevo este reino con su resurrección, dando el Espíritu Santo a los Apóstoles y a los hombres en la Iglesia. 5. Hoy, reunidos para la acostumbrada plegaria dominical del Ángelus Domini, elevamos - juntamente con la Madre de Dios - al Corazón de su Hijo la invocación: "Corazón de Jesús, rey y centro de todos los corazones, ten piedad de mí". 14 - Corazón de Jesús en quien están todos los tesoros 1 de septiembre, 1985 1. "Corazón de Jesús, en el que están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia". Esta invocación de las letanías del Sagrado Corazón, tomada de la Carta a los Colosenses (2,3), nos hace comprender la necesidad de ir al Corazón de Cristo para entrar en la plenitud de Dios. 2. La ciencia, de la que se habla, no es la ciencia que hincha (1 Co 8,2), fundada en el poder humano. 3. Nosotros sabemos estas cosas porque Dios mismo se ha dignado revelárnoslas por medio del Hijo, que es sabiduría de Dios (1 Co 1,24). Todas las cosas que hay en la tierra y en los cielos, han sido creadas por medio de El y para El (Col 1,16). La sabiduría de Cristo es más grande que la de Salomón (Lc 11,31). Sus riquezas son inescrutables (Ef 3,8). Su amor sobrepasa todo conocimiento. Pero con la fe somos capaces de comprender, juntamente con todos los santos, su anchura, su largura, altitud y profundidad (Ef 3, 18). 4. La ciencia humana es como el agua de nuestros fuentes: quien la bebe, vuelve a tener sed. La sabiduría y la ciencia de Jesús, en cambio, abren los ojos de la mente, mueven el corazón en la profundidad del ser y engendran al hombre en el amor trascendente; liberan de las tinieblas del error, de las manchas del pecado, del peligro de la muerte, y conducen a la plenitud de la comunión de esos bienes divinos, que trascienden la comprensión de la mente humana (Dei Verbum,6). 5. Con la sabiduría y la ciencia de Jesús, nos arraigamos, y fundamentarnos en la caridad (Ef 3,17). Se crea el hombre nuevo, interior, que pone a Dios en el centro de su vida y a sí mismo al servicio de los hermanos. 15 - Corazón de Jesús en quién habita toda la plenitud de la divinidad 15 de septiembre, 1985 1. Corazón de Jesús en el que habita toda la plenitud de la divinidad" Desde el mes de junio, durante los domingos del verano, nuestra oración del "Ángelus" saca temas de reflexión de las letanías del Sagrado Corazón de Jesús. 2. Ayer, mediante la solemnidad de la Exaltación de la Santa Cruz, la Iglesia entera se abrió una vez más hacia este Corazón en el que "habita toda la plenitud de la divinidad". 3. Cuando el centurión, en el Gólgota, traspasó con una lanza el Crucificado, de su costado salió sangre y agua. Este es el signo de la muerte. El signo de la muerte humana del Dios Inmortal. 15 de junio, 1986. 4. Proclamemos en el mes de junio las palabras de las letanías: Corazón de Jesús, en quien habita toda la plenitud de la divinidad... 16 - Corazón de Jesús en quién el Padre halló sus complacencias 22 de junio, 1986 1.Corazón de Jesús, en quien el Padre halló sus complacencias. Rezando así, particularmente ahora, en el mes de junio, meditamos en aquella complacencia eterna que el Padre tiene en el Hijo: Dios en Dios, Luz en Luz. 2. Corazón de Jesús, en quien el Padre halló sus complacencias. Nos dirigimos a la orilla del Jordán. 17 - Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido 13 de julio, 1986 1. Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido. Congregados para rezar el Ángelus, nos unimos a María en el momento de la Anunciación, cuando el Verbo se hizo carne y vino a habitar bajo su Corazón: el Corazón de la Madre. 2. ¿Qué es lo que determina la plenitud del Corazón? 3. Al mismo tiempo el amor filial del Corazón de Jesús ha revelado - y revela continuamente al mundo el amor del Padre. El Padre, en efecto, "tanto amó al mundo, que le dio su unigénito Hijo" (En 3,16) para la salvación del mundo; para la salvación del hombre, para que él "no perezca, sino que tengo la vida eterna" (ib.). Cf. n.15 (15 de junio, 1986) 18 - Corazón de Jesús deseo de los eternos collados 20 de julio, 1986 1. Corazón de Jesús, deseo de los eternos collados... A lo largo de estos domingos, cuando nos congregarnos para la plegaria del mediodía, rezamos las letanías del Sagrado Corazón en unión particular con la Madre de Jesús. 2. ¿Es este Corazón "deseo" del mundo? 2. Y lo dice de acuerdo con toda la Revelación, con la Sagrada Escritura y con la Tradición (e incluso, digamos también, con nuestra experiencia humana). 3. Sin embargo, contemporáneamente, el mismo "mundo" ha sido llamado a la existencia por amor del Creador, y este amor le mantiene constantemente en la existencia. 4. Este mundo - a pesar del pecado y la triple concupiscencia - está -orientado al amor, que llena el Corazón humano del Hijo de María. 19 - Corazón de Jesús paciente y de mucha misericordia 27 de julio, 1986 1- ¡Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia! Hoy, con ocasión de la oración del Ángelus, deseamos releer una vez más, junto con María, el Evangelio; en cierto sentido lo releemos todo entero, e inmediatamente. En él hace el Corazón de Jesús, paciente e inmensamente misericordioso. 2- ¡Miremos, junto con María, el interior de este Corazón! ¡Releámoslo a lo largo del Evangelio! 3. ¡Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia! ¿Quién como Tú sabe que es paciente e inmensamente misericordioso? 20 - Corazón de Jesús rico para todos los que te invocan 3 de agosto, 1986 1. ¡Corazón de Jesús, generoso para aquellos que te invocan! Nos recogemos hoy durante la oración del Angelus para recordarte, oh Madre de Cristo, el acontecimiento que tuvo lugar en Canó de Galilea. 2. Este es el Corazón generoso, puesto que en El habita efectivamente la plenitud. la plenitud de la divinidad habita en Cristo verdadero hombre: y Dios es amor. 3. ¡Corazón de Jesús, generoso para aquellos que te invocan! Mediante esta generosidad el amor no se agota, sino que crece. Crece constantemente. Esta es la naturaleza misteriosa del amor. Y éste es también el misterio del Corazón de Jesús, que es generoso para con todos. 4. De esta verdad sobre el amor dio testimonio en nuestros tiempos Pablo VI. Su corazón humano cesó de latir aquí., en Castelgandolfo, hace ocho años, en la fiesta de la Transfiguración del Señor. 21 - Corazón de Jesús fuente de vida y de santidad 10 de agosto, 1986 1. ¡Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad! Recordemos cuando Jesús se acercó a la pequeña ciudad de Samaria, llamada Sicar, donde se encontraba una fuente que se remontaba a los tiempos del Patriarca Jacob. ¡Fuente! ¡Fuente de vida y de santidad! 2. En otra ocasión, en el último día de la fiesta de los Tabernáculos en Jerusalén, Jesús - -como escribe también el Evangelista Juan - "gritó, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mi y beba. El que cree en mí, según dice la Escritura, ríos de agua viva correrán de su seno". 3. Todos deseamos acercamos a esta fuente de agua viva. Todos deseamos beber del Corazón divino, que es fuente de vida y de santidad. 4. Te pedimos, Madre de Cristo, que seas nuestra Guía al Corazón de tu Hijo. Te pedimos que nos acerques a El y nos enseñes a vivir en intimidad con este Corazón, que es fuente de vida y de santidad. 22 - Corazón de Jesús propiciación por nuestros pecados 17 de agosto, 1986 1- Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados. El Corazón de Jesús. es fuente de vida, porque por medio de El actúa la victoria sobre la muerte. Es fuente de santidad, porque en El ha sido vencido el pecado que es adversario de la santidad en el corazón del hombre. 2- Así, pues, los Apóstoles han sido llamados a volver al Corazón, que es propiciación por los pecados del mundo. Y con ellos también nosotros somos llamados. 3. En este despojamiento el Corazón ardía de amor. Una llama viva de amor ha consumido el Corazón de Jesús en la cruz. 4. Cristo mismo conoce hasta el fondo este misterio redentor de su Corazón. Es testimonio inmediato del mismo. Cuando dice a los Apóstoles: Recibid el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, da testimonio de aquel Corazón que es propiciación por los pecados del mundo. 23 - Corazón de Jesús saciado de oprobios 24 de agosto, 1986 1. Corazón de Jesús, saciado de oprobios. Las Palabras de las letanías del Sagrado Corazón de Cristo nos ayudan a releer el Evangelio de la pasión de Cristo. 2. Corazón de Jesús - el corazón humano del Hijo de Dios -, tan conocedor de la dignidad de todo hombre, tan conocedor de la dignidad de Dios-Hombre. 3.Recordemos 1as palabras de Isaías profeta: "He aquí a mi Siervo, a quien sostengo yo; mi elegido, en quien se complace mi alma... El dará el derecho a las naciones. No gritará, no hablará recio... No romperá la caña cascada ni apagará la mecha que se extingue" (Is 42,1-3). 4. Corazón de Jesús, saciado de oprobios! ¡Corazón de Jesús saciado de oprobios! Signo de contradicción ... "Y una espada atravesará tu alma ... " (Lc 2,34-35). 24 - Corazón de Jesús despedazado por nuestros delitos 31 de agosto, 1986. Corazón de Jesús despedazado por nuestros delitos. Jesús de Nazaret, el que durante la última Cena dijo: Esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros... Este es el cáliz de mi Sangre derramada por vosotros". 2. Corazón de Jesús en Getsemaní, que "se entristece hasta la muerte" que siente el "peso" terrible. Cuando dice: "Todo te es posible: aleja de mi este cáliz" (Mc.14,36). El sabe, al mismo tiempo, cuál es la voluntad del Padre, y no desea otra cosa que cumplirla: derramar el cáliz hasta el fondo. 3. Tantos siglos antes lo había dicho Isaías: 4. Así decían: Y, sin embargo, el Profeta sabía. Y, sin embargo, Isaías decía..., tantos siglos antes: Fue traspasado por nuestras iniquidades y molido por nuestros pecados... Todos nosotros andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su camino: Y Yavé cargó sobre El la iniquidad de todos nosotros... Fue arrancado de la tierra de los vivientes y herido de muerte por el crimen de su pueblo" (Is 53,5-8). 5. ¡Despedazado por nuestros delitos! Corazón de Jesús., despedazado por los pecados... 6.Nos hemos unido en la oración contigo, Madre de Cristo: contigo, que has participado en sus sufrimientos ("condoluit").. Tú nos conduces al Corazón de tu Hijo agonizante en la cruz: cuando en su despojamiento se revela hasta el fondo como Amor. ¡Madre del Redentor! ¡Acércanos al Corazón de tu Hijo! 25 - Corazón de Jesús hecho obediente hasta la muerte 23 de julio, 1989. "Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte, ten piedad de nosotros" 1. Queridos hermanos y hermanas: esta invocación de las Letanías del Sagrado Corazón nos invita hoy a contemplar el Corazón de Cristo obediente. Toda la vida de Jesús está bajo el signo de una perfecta obediencia a la voluntad del Padre, suprema y coeterna fuente de su ser ( Jn 1,1-2): uno solo es su poder y su gloria, una sola su sabiduría; es reciproco su infinito -amor. Por esta comunión de vida y de amor, el Hijo se adhiere plenamente al proyecto del Padre, que quiere la salvación del hombre mediante el hombre: en la "plenitud de los tiempos" nace de la Virgen Madre (Gal 4,4) con un corazón obediente, para reparar el daño causado al género humano por el corazón desobediente de los primeros padres. 2. Los Evangelios nos muestran a Jesús, en el transcurso de su vida, siempre dedicado a hacer la voluntad del Padre. A María y José, que durante tres días, afligidos, lo hablan buscado, Jesús, que tenia doce años, les responde: "¿Por qué me buscábais? ¿No sabíais que yo debla estar en la casa de mi Padre? (Lc 2,49). Toda su existencia está dominada por este "yo debo" que determina sus opciones y guía su actividad. A los discípulos dirá un día: "Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra" (Jn 4,34); y les enseñara a orar así: "Padre Nuestro... hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo" (Mt 6, 10). 3. Jesús obedece hasta la muerte (Flp 2,8), aunque nada le resulte tan radicalmente opuesto como la muerte, ya que El es la fuente misma de la vida (Jn 11,25-26). 4. Al alba, al mediodía y al atardecer de la vida de Jesús,, late en su corazón un solo deseo: hacer la voluntad del Padre. Contemplando esta vida, unificada por la obediencia filial al Padre, comprendemos la palabra del Apóstol: Por la obediencia de uno solo todos serán constituidos justos" (Rm 5,19), y la otra, misteriosa y profunda, de la Carta a los Hebreos: "Aun siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia: y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen" (5,8-9). 26 - Corazón de Jesús perforado por una lanza 30 de Julio, 1989 "Corazón de Jesús, Perforado por una lanza, ten Piedad de nosotros" 1. Pocas páginas del Evangelio a lo largo de los siglos han atraído la atención de los místicos, de los escritores espirituales y de los teólogos tanto como el pasaje del Evangelio de San Juan que nos narra la muerte gloriosa de Cristo y la escena en que le atraviesan el costado (En 19,23-37). En esa página se inspira la invocación de las Letanías, que he recordado hace un momento. 2. El Corazón atravesado es también el símbolo de la vida nueva, dada a los hombres mediante el Espíritu y los sacramentos. En cuanto el soldado le dio el golpe de gracia, del costado herido de Cristo "al instante salió sangre y agua" (Jn 19,34). La lanzada atestigua la realidad de la muerte de Cristo. El murió verdaderamente, como había nacido verdaderamente y como resucitará verdaderamente en su misma carne (Jn 20,24.27). Contra toda tentación antigua o moderna de docetismo, de ceder a la "apariencia% el Evangelista nos recuerda a todos la cruda certeza de la realidad. Pero al mismo tiempo tiende a profundizar el significado del acontecimiento salvífico y a expresarlo a través del símbolo. El, por tanto, en el episodio de la lanzada, ve un profundo significado: como de la roca golpeada por Moisés brotó en el desierto un manantial de agua ( Nm 20,8-11), así del costado de Cristo, herido por la lanza, brotó un torrente de agua para saciar la sed del nuevo pueblo de Dios. Este torrente es el don del Espíritu, (Jn 7,37-39), que alimenta en nosotros la vida divina. 3. Finalmente, del Corazón atravesado de Cristo brota la Iglesia. Como del costado de Adán que dormía fue extraída Eva, su esposa, así - según una tradición patrística que se remonta a los primeros siglos -, del costado abierto del Salvador, que dormía sobre la cruz en el sueño de la muerte, fue extraída la Iglesia, su esposa. Esta se forma precisamente del agua y de la sangre, - Bautismo y Eucaristía -, que brotan del Corazón traspasado. Por eso, con razón afirma la Constitución conciliar sobre la liturgia: "Del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento admirable de la Iglesia entera" (Sacrosanctum Concilium, 5). 4. "Junto a la cruz, advierte el Evangelista, se encontraba "la Madre de Jesús (Jn 19,25). Ella vio el Corazón abierto del que fluían sangre y agua - sangre tomada de su sangre -, y comprendió que ¿a sangre del Hijo era derramada por nuestra salvación. Entonces comprendió hasta el fondo el significado de las palabras que el Hijo le había dirigido poco antes: "Mujer, he ahí a tu hijo" (Jn 19,26): la Iglesia que brotaba del Corazón atravesado era confiada a sus cuidados de Madre. Pidamos a María que nos guié a sacar cada vez más abundantemente el agua de los manantiales de gracia que fluyen del Corazón atravesado de Cristo. 27 - Corazón de Jesús fuente de toda consolación 13 de agosto, 1989 "Corazón de Jesús, fuente de toda consolación, ten piedad de nosotros". 1- Dios, Creador del cielo y de la tierra, es también "el Dios de toda consolación" (2 Co 1,3; Rm 15,5). Numerosas páginas del Antiguo Testamento nos muestran a Dios que, en su gran ternura y compasión, consuela a su pueblo en la hora de la aflicción. Para confortar a Jerusalén, destruida y desolada, el Señor envía a sus profetas a llevar un mensaje de consuelo: "Consolad, consolad a mi pueblo... Hablad al corazón de Jerusalén y decídle bien alto que ya ha cumplido su milicia" (Is 40.1-2); y, dirigiéndose a Israel oprimido por el temor de sus enemigos, declara: "Yo, yo soy tu consolador" (Is 51,12); e incluso, comparándose con una madre llena de ternura hacia sus hijos, manifiesta su voluntad de llevar paz, gozo y consuelo a Jerusalén: "Alegraos, Jerusalén, y regocijaos por ella todos los que la amáis... de modo que os hartéis de sus consuelos... Como uno a quien su madre le consuela, así yo os consolaré, y por Jerusalén seréis consolados" (Is 66,10.11.13). 2. En Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, nuestro hermano, el "Dios-que-consuela" se hizo presente entre nosotros. Así lo indicó primeramente el justo Simeón, que tuvo la dicha de acoger entre sus brazos al niño Jesús y de ver en El realizada 9a consolación de Israel"(Lc 2,25). Y, en toda la vida de Cristo, la predicación del Reino fue un ministerio de consolación: anuncio de un alegre mensaje a los pobres, proclamación de libertad a los oprimidos, de curación a los enfermos, de gracia y de salvación a todos (Lc 4,16-211: Is 61,1-2). 3. El Corazón del Salvador es también, más aún, principalmente "fuente de consuelo" porque Cristo, juntamente con el Padre, dona el Espíritu Consolador: "Yo pediré al Padre y os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre" (Jn 14,16: 14,25; 16,12): Espíritu de verdad y de paz, de concordia y de suavidad de alivio y de consuelo: Espíritu que brota de la Pascua de Cristo (Jn 19,28-34) y del evento de Pentecostés (Hch 2,1-13). 4. Toda la vida de Cristo fue por ello un continuo ministerio de misericordia y de consolación. La Iglesia, contemplando el Corazón de Cristo y las fuentes de gracia y de consolación que de El manan, ha expresado esta realidad estupenda con la invocación: "Corazón de Cristo, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros" Pidamos a María, Consoladora de los afligidos, que, en los momentos oscuros de tristeza y angustia, nos guíe a Jesús, su Hijo amado, "fuente de todo consuelo". 28 - Corazón de Jesús vida y resurrección nuestra 27 de agosto, 1989 "Cor Jesu, vita et resurrectio nostra, ten piedad de nosotros" 1. Esta invocación de las letanías del Sagrado Corazón.. fuerte y convencida como un acto de fe, encierra en una frase lapidaria todo el misterio de Cristo Redentor; nos recuerda las palabras dirigidas por Jesús a Marta, afligida por la muerte de su hermano Lázaro: "Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mi, aunque muera, vivirá" (Jn 11,25). 2. Jesús es también la resurrección. Nada es tan radicalmente contrario a la santidad de Cristo - el Santo del Señor (L.c. 1,35; Me 1,24) - como el pecado; nada es tan opuesto a El, fuente de vida, como la muerte. 3. Hermanos y hermanas: Nadie como María ha experimentado que el Corazón de Jesús es "vida y resurrección": 29 - Corazón de Jesús paz y reconciliación nuestra 3 de Septiembre, 1989 "Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros" 1. Queridos hermanos y hermanas: Rezando con fe esta hermosa invocación de las letanías del Sagrado Corazón, un sentimiento de confianza y de seguridad se difunde en nuestro espíritu: Jesús es de verdad nuestra paz, nuestra suprema reconciliación. 2. Jesús es, al mismo tiempo, nuestra reconciliación. Como consecuencia del pecado se produjo una profunda y misteriosa fractura entre Dios, el Creador, y el hombre, su creatura. Toda la historia de la salvación no es más que la narración admirable de las intervenciones de Dios en favor del hombre a fin de que éste, en la libertad y en el amor, vuelva a El; a fin de que a la situación de fractura suceda una situación de reconciliación y de amistad, de comunión y de paz. 3. El Corazón de la Madre es en todo semejante al Corazón del Hijo. También la Bienaventurada Vírgenes para la Iglesia una presencia de paz y de reconciliación: ¿ No es Ella quien, por medio del, ángel Gabriel, recibió el mayor mensaje de reconciliación y de paz que Dios haya jamás enviado al género humano (Lc. 1,26-38)? Que María, Reina de la Paz, nos obtenga de Cristo el don mesiánico de la paz y la gracia de la reconciliación, plena y perenne, con Dios y con los hermanos. Por esto la imploramos. 30 - Corazón de Jesús víctima de los pecadores 10 de septiembre, 1989 "Corazón de Jesús, víctima de los pecadores, ten piedad de nosotros" 1. Muy queridos hermanos y hermanas: Esta invocación de las letanías del Sagrado Corazón nos recuerda que Jesús, según la palabra del Apóstol Pablo, "fue entregado por nuestros pecados" (Rm 4,25); pues, aunque El no había cometido pecado, "Dios le hizo pecado por nosotros" (2 Co 5,21). Sobre el Corazón de Cristo gravo, enorme, el peso del pecado del mundo. 2. Jesús es víctima eterna. Resucitado de la muerte y glorificado a la derecha del Padre, el conserva en su cuerpo inmortal las señales de las llagas de las manos y de los pies taladrados, del costado traspasado (Jn 20,27; L.c. 24,39-40) y los presenta al Padre en su incesante plegaria de intercesión a favor nuestro (Hb 7,25; 8,34). 3. Hermanos y hermanas: En esta hora de la plegaria mariana hemos contemplado el Corazón de Jesús víctima de nuestros pecados; pero antes que todos y más profundamente que todos lo contempló su Madre dolorosa,, de la que la liturgia canta: "Por los pecados de su pueblo Ella vio a Jesús en los tormentos del duro suplicio" (Secuencia Stabat Mater, estrofa 7). En la proximidad de la memoria litúrgica de la Bienaventurada Virgen María Dolorosa, recordemos esta presencia intrépida e intercesora de la Virgen bajo la cruz del Calvario, y pensemos con inmensa gratitud que, en aquel momento, Cristo, que estaba para morir, víctima de los pecados del mundo, nos la confió como Madre: "Ahí tienes a tu madre" (Jn 19,27). Confiemos a María nuestra plegaria, mientras decimos a su Hijo Jesús: Corazón de Jesús, víctima de nuestros pecados, acoge nuestra alabanza, la gratitud perenne, el arrepentimiento sincero. Ten piedad de nosotros hoy y siempre. Amén. 31 - Corazón de Jesús salvación de los que en ti esperan 17 de septiembre, 1989 Amadísimos hermanos y hermanas! 1. A esta hora del Ángelus detengámonos durante algunos instantes para reflexionar sobre esa invocación de las letanías del Sagrado Corazón que dice: "Corazón de Jesús, salvación de los que en ti esperan, ten piedad de nosotros". 2. Jesús es la epifanía del amor salvífico del Padre (Tt 2,11; 3,4). Cuando Simeón tomó en sus brazos al niño Jesús, exclamó: "han visto mis ojos tu salvación" (Mc 2,30). 32 - Corazón de Jesús esperanza de los que en ti mueren 5 de noviembre, 1989 Amadísimos hermanos y hermanos: 1. La reciente conmemoración de todos los fíeles difuntos nos invita hoy a contemplar, bojo una luz de fe y de esperanza, la muerte del cristiano, para la que las letanías del Sagrado Corazón -objeto de nuestras reflexiones en anteriores encuentros dominicales -nos ponen en los labios la invocación: "Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren, ten piedad de nosotros". 2. Pero conviene que nos detengamos un momento a preguntamos: ¿Qué significa "morir en Cristo"? Significa ante todo, amadísimos hermanos y hermanas, leer el evento desgarrador y misterioso de la muerte a la luz de la enseñanza del Hijo de Dios y verlo, por ello, como el momento de la partida hacia la casa del Padre, donde Jesús, pasando también El a través de la muerte, ha ido a preparamos un lugar (Jn 14,2); es decir significa creer que, a pesar de la destrucción de nuestro cuerpo, la muerte es premisa de vida y de fruto abundante ( Jn 12,24). 3. "Morir en Cristo" significa también, queridos hermanos y hermanas, fortificarse para aquel momento decisivo con los "signos santos" del "paso pascual": el sacramento de la Penitencia, que nos reconcilia con el Padre y con todas las criaturas; el santo Viático, Pan de vida y medicina de inmortalidad; y la Unción de los enfermos, que da vigor al cuerpo y al espíritu para el combate supremo. 33 - Corazón de Jesús delicia de todos los santos Amadísimos hermanos y hermanos: 12 de noviembre, 1989 1. La Iglesia se alegra hoy por la glorificación de dos de sus hijos: Inés de Bohemia y Alberto Chmielowski. 2. Sobre esta tierra el discípulo de Jesús vive en la espera de alcanzar a su Maestro, en el deseo de contemplar su rostro, en la aspiración ardiente de vivir siempre con él. En el cielo, en cambio, cumplida la espera, el discípulo Ya ha entrado en el gozo de su Señor (Mt 25,21.23); contempla el rostro de su Maestro, ya no transfigurado durante un solo instante(Mt 17,2; Mc 9,2; Lc 9,28), sino resplandeciente para siempre con el fulgor de la eterna luz ( Hb 1,3); vive con Jesús y de la misma vida de Jesús. La vida del cielo no es más que la fruición perfecta, indefectible e intensa, del amor de Dios - Padre, Hijo y Espíritu Santo - y no es más que la revelación total del ser íntimo de Cristo, y la comunicación plena de la vida y del amor que brotan de su Corazón. En el cielo los bienaventurados ven satisfecho todo deseo, cumplida toda profecía, aplacada toda sed de felicidad, y colmada toda aspiración. 3. Por eso el Corazón de Cristo es la fuente de la vida de amor de los saritos. en Cristo y por medio de Cristo los bienaventurados del cielo son amados por el Padre, que los une a Si con el vínculo del Espíritu, divino Amor: en Cristo y por medio de Cristo, ellos aman al Padre y a los hombres, sus hermanos, con el amor del Espíritu. "¡Corazón de Jesús, gozo de todos los santos, ten piedad de nosotros!".
Juan Pablo II
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