20 de marzo
Jueves Santo de la Cena del Señor
Solemnidad
Ciclo “A”
Hoy solamente rezan las Vísperas
los que no participan en la misa vespertina de la Cena del Señor.
Lecturas
Prescripciones sobre la cena pascual
Lectura del
libro del Éxodo 12, 1-8. 11-14
En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto:
«Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel: "El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo.
Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito.
Lo guardaréis hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos Jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido.
Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas.
Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el paso del Señor.
Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor.
La sangre será vuestra señal en las casas donde estéis; cuando vea la sangre, pasaré de largo; no os tocará la plaga exterminadora, cuando yo pase hiriendo a Egipto.
Este día será para vosotros memorable, en él celebraréis la fiesta del Señor, ley perpetua para todas las generaciones."»
Palabra de Dios. |

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Salmo responsorial:
Salmo
115, 12 13. 15 16bc. 17 18
R./
El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre. R/.
Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas. R/.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo. R/
SEGUNDA LECTURA
Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor
Lectura de la carta del apóstol san Pablo
a los Corintios
11, 23 26
Hermanos:
Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido:
Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando
la acción de gracias, lo partió y dijo:
«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.»
Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo:
«Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez
que lo bebáis, en memoria mía.»
Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz,
proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.
Palabra de Dios.
Versículo antes del evangelio Jn 13, 34
EVANGELIO
Los amó hasta el extremo
† Lectura del santo evangelio según
san Juan
13, 1 15
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo:
«Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»
Jesús le replicó:
«Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.»
Pedro le dijo:
«No me lavarás los pies jamás.»
Jesús le contestó:
«Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»
Simón Pedro le dijo:
«Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»
Jesús le dijo:
«Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.»
Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.»
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:
«¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»
Palabra del Señor.

Jesús:
Gracias porque no has amado hasta el extremo de dar tu vida
Gracias por el mandamiento nuevo del amor fraterno.
Gracias por el sacramento de la Eucaristía, que te hace realmente presente, vivo y vivificante en nuestras vidas.
Gracias por el sacramento del Sacerdocio ministerial.
La misa vespertina de la cena del Señor tiene, como hemos visto, el carácter de introducción en el Triduo pascual, de entrada en la conmemoración anual de la Pascua. La rúbrica del Misal destaca la importancia de esta celebración eucarística y pascual, recordando que están prohibidas todas las misas sin pueblo, para que toda la comunidad local con sus sacerdotes y ministros participen en la eucaristía vespertina. En caso de verdadera necesidad, el ordinario del lugar puede permitir la celebración de otra misa para los fieles que de ningún modo puedan tomar parte en la principal.
La Liturgia de las Horas suprime las Vísperas de este día para los que asisten ala misa de la cena del Señor. El sentido eclesial, eucarístico y sacerdotal, no menos que el pascual, han sido reforzados.
El significado de la celebración está expresamente recogido en la oración colecta:
«Señor Dios nuestro: nos has convocado esta tarde
para celebrar aquella misma memorable cena en que tu Hijo
antes de entregarse a la muerte,
confió a la Iglesia el banquete de su amor,
el sacrificio nuevo de la alianza eterna»...
Las lecturas evocan el gesto fundamental de Jesús, que, al instituir la eucaristía, se entregaba a la muerte por la salvación de los hombres. Con esta entrega, el Señor ha cumplido el ritual de la vieja Pascua judía, instituida por Moisés (Ex 12,1‑8.11‑14: ofreciendo su cuerpo en lugar del cordero, y su sangre para sellar la nueva y definitiva alianza (1 Cor 11,23‑26: 2.° lect. Pero el gesto de Jesús encierra, además, la prueba del infinito amor del que da la vida por los demás: «Los amó hasta el extremo», dice el evangelio (Jn 13,1‑15) antes de narrar la gran lección de humildad y servicio que Jesús quiso unir a su memorial: el lavatorio de los pies a los discípulos.
La Iglesia, al recordar ambos gestos, es consciente del mandato del Señor de perpetuar su memoria haciendo presente la oblación sacrificial en la eucaristía, «pues cada vez que celebramos este memorial de la muerte de Cristo se realiza la obra de nuestra redención». La conciencia de estar cumpliendo el mandato de perpetuar el sacrificio de la eterna alianza hace decir al sacerdote en el momento culminante de la plegaria eucarística:
«Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa, que te presentamos en el día mismo en que nuestro Señor Jesucristo encomendó a sus discípulos la celebración de los misterios de su cuerpo y de su sangre... El cual, hoy, la víspera de padecer por nuestra salvación y la de todos los hombres, tomó pana...
El otro gesto de Jesús, que tiene un valor no sacramental, sino de testimonio ‑«os he dado ejemplo...»‑, es el lavatorio de los pies mientras se canta la antífona: «<Os doy el mandato nuevo: que os améis mutuamente como yo os he amado, dice el Señor» (Jn 13,34).
El rito trae el recuerdo del otro gran tema del día: el mandamiento de la caridad fraterna.
La santa misa concluye con el traslado solemne del Santísimo Sacramento al lugar de la reserva para la comunión del día siguiente.
Es el momento de la adoración eucarística, que en este día aparece en dependencia clarísima de la celebración de la misa.
El misal invita a los fieles a que dediquen algún tiempo de la noche a la adoración, según las circunstancias y costumbres de cada lugar.
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