Vocación docente.
Amor hasta el extremo.
San Héctor
Valdivielso Sáez |
Héctor nació en Buenos Aires (Argentina), de padres españoles. Fue bautizado en la Basílica San Nicolás de Bari, que está en la zona de Palermo, Buenos Aires, Argentina.
En 1914 se mudó junto a su familia a España.
Entró en la congregación de los Hermanos de Lasalle, adoptando el nombre de Benito de Jesús. Trabajó en la escuela Nuestra Señora de Covadonga ubicada en Turón, a 20 kilómetros de Oviedo, donde enseñaban a hijos de mineros. Siempre estaba plenamente entregado a su trabajo. Era de carácter alegre, servicial y un hombre de oración.
A los 24 años, fue apresado junto con 6 compañeros. Luego de varios días detenido, los siete hermanos lasallistas y el padre pasionista que evangelizaba con ellos fueron llevados en la madrugada del 9 de octubre de 1934 hasta el cementerio de Turón, ante cuyas tapias los fusilaron.
Fueron canonizados por Juan Pablo II el 21 de noviembre de 1999.
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Ellos no temieron amar hasta el extremo y vivir las Bienaventuranzas de Jesús hasta las últimas consecuencias:
Y él, alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: "Bienaventurados los pobres, porque vuestro
es el Reino de Dios.
Bienaventurados
los que tenéis hambre ahora,
porque seréis saciados.
Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis.
Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo,
por causa del Hijo del hombre.
Alegráos ese día y saltad
de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo.
Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas”.
(Lucas 6, 20-23)
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Juan Pablo II en la homilía que pronunció el día que los canonizó dijo:
La fe en Cristo resucitado hace posible el compromiso y la entrega de tantos hombres y mujeres en la transformación del mundo, para devolverlo al Padre: “Así Dios será todo para todos”.
Este mismo compromiso es el que animó a los Hermanos de las Escuelas Cristianas del Colegio Nuestra Señora de Covadonga.
No temiendo derramar su sangre por Cristo, vencieron a la muerte y participan ahora de la gloria en el reino de Dios. Por eso, hoy tengo la alegría de inscribirlos en el catálogo de los santos, proponiéndolos a la Iglesia universal como modelos de vida cristiana e intercesores nuestros ante Dios.
Todos ellos, como cuentan los testigos, se prepararon a la muerte como habían vivido: con la oración perseverante, en espíritu de fraternidad, sin disimular su condición de religiosos, con la firmeza propia de quien se sabe ciudadano del cielo.
No son héroes de una guerra humana en la que no participaron, sino que fueron educadores de la juventud. Por su condición de consagrados y maestros afrontaron su trágico destino como auténtico testimonio de fe, dando con su martirio la última lección de su vida. Que su ejemplo y su intercesión lleguen a toda la familia lasallista y a la Iglesia entera.
Los santos nos señalan el camino del reino de los cielos, el camino del Evangelio aceptado radicalmente. Al mismo tiempo, sostienen nuestra serena certeza de que toda realidad creada encuentra en Cristo su cumplimiento y que, gracias a él, el universo será entregado a Dios Padre plenamente renovado y reconciliado en el amor. |

Estampilla emitida por
Correos Argentinos
con ocasión de la canonización
de Héctor Valdivielso |
No nos preocupemos tanto del pan material, lo que hay que buscar es el pan del alma, es decir, la oración, la religión. ¡Qué bien sabe el pan del cuerpo cuando en la familia se come también el pan del alma! Pero si en una familia hay mucha riqueza y se padece hambre del pan espiritual, será inútil ir a buscar la paz pues no se encuentra. La verdadera paz, la felicidad verdadera, se halla sólo en la tranquilidad de conciencia, y una conciencia está tranquila cuando se halla bien con Dios, y para estar bien con Dios hay que cumplir lo que la Religión y Dios mandan, es decir, hay que ser religiosos, hay que rezar, hay que amar Dios.
san Héctor Valdivielso
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El don de sabiduría, se funda en el amor y desemboca en el amor.
Es la sabiduría que “Dios revela a los más pequeños.”
Se adquiere no con saber teológico aprendido en libros, sino escrito en el corazón por el mismo Espíritu, en personas cultas o incultas, en las que Él quiera escoger, a las que él se lo quiera regalar.
El don de sabiduría es el que hace comprender y vivir las maravillas de la oración, de la cruz y del sacerdocio. |
¿Qué dones del Espíritu Santo se ven reflejados en la vida de Héctor Valdivielso Sáez
y en sus compañeros?
“Bienaventurados los pobres”...
Hoy, ¿quiénes son los pobres?
"...Bienaventurados los que lloráis”... Cuando llega la hora del sufrimiento,
¿cuál es mi actitud?
En nuestro hogar, trabajo, colegio o entre los amigos, ¿damos testimonios de nuestra fe?
Menciona ejemplos.
¿Cómo me preparo para el día del encuentro definitivo con Jesús?
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Secuencia
de Pentecostés
Ven, Espíritu Divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén |
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