Ama de casa,
madre ejemplar.

Beata Gianna Beretta Molla

Gianna nació en Italia en 1922. Séptima de trece hijos, estudió medicina y se especializó en pediatría.

Presta una atención particular a las madres, a los niños, a los ancianos y a los pobres. Considera su trabajo profesional, como una misión.

Dijo su marido:

Jamás creí estar viviendo con una santa. Mi esposa tenía infinita confianza en la Providencia y era una mujer llena de alegría de vivir. Era feliz, amaba a su familia, amaba su profesión de médico, también amaba su casa, la música, las montañas, las flores y todas las cosas bellas que Dios nos ha donado.

Al cumplirse el segundo mes de embarazo de su cuarto hijo, le diagnostican un tumor en el útero. Se hace necesaria una intervención quirúrgica.

Antes de ser intervenida, suplica al cirujano que salve, a toda costa, la vida que lleva en su seno, y se confía a la oración y a la Providencia. “Si hay que decidir entre mi vida y la del niño, no dudéis; elegid -lo exijo- la suya. Salvadlo”.

La mañana del 21 de abril de 1962 da a luz a Gianna Emanuela. El día 28 de abril, también por la mañana, entre indecibles dolores y repitiendo la jaculatoria “Jesús, te amo; Jesús, te amo”, muere santamente. Tenía 39 años.

Fue beatificada el 24 de abril de 1994 por el Papa Juan Pablo II. Estuvieron presente su esposo e hijos.

 

Gianna

Gianna

el día de su boda

Ellas amó hasta las últimas consecuencias:

Este es el mandamiento mío:
que os améis los unos a los otros como yo os he amado.
Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos.

Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros.
Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí.

Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio.

(Juan 15, 10, 12-13, 18, 26-27)

 

En la homilía de beatificación, dijo Juan Pablo II de ella:

Gianna fue mensajera sencilla, pero muy significativa, del amor divino. Pocos días antes de su matrimonio, en una carta a su futuro esposo, escribió: “El amor es el sentimiento más hermoso que el Señor ha puesto en el alma de los hombres”.

A ejemplo de Cristo, que “habiendo amado a los suyos (...), los amó hasta el extremo” (Jn 13, 1), esta santa madre de familia se mantuvo heroicamente fiel al compromiso asumido el día de su matrimonio.

El sacrificio extremo que coronó su vida testimonia que sólo se realiza a sí mismo quien tiene la valentía de entregarse totalmente a Dios y a los hermanos.

Ojalá que nuestra época redescubra, a través del ejemplo de Gianna Beretta Molla, la belleza pura, casta y fecunda del amor conyugal, vivido como respuesta a la llamada divina.

“Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde” (Jn 14, 28). Las vicisitudes terrenas de estos nuevos santos nos estimulan a perseverar en nuestro camino, confiando en la ayuda de Dios y en la protección materna de María.

Que desde el cielo velen ahora sobre nosotros y nos sostengan con su poderosa intercesión.

Gianna2

Señor,
haz que la luz
que se ha encendido
en mi alma
no se apague jamás.

Gianna Beretta Molla

El don de fortaleza es fundamental en la vida cristiana
pues en las dificultades ahuyenta al temor.

En todo cristiano debe darse un alma de apóstol y de mártir.

Este don es necesario para llevar a buen término las más sencillas
y humildes tareas cotidianas.

Allí también es necesaria la fidelidad.
El heroísmo de lo pequeño lleva al heroísmo de lo grande,
que resplandece en las grandes empresas de los que ponen su vida al servicio de Dios.

El don de consejo acompaña al de fortaleza.

¿Qué dones del Espíritu Santo se ven reflejados en la vida de Gianna?
¿Cómo preparamos a nuestros hijos para el momento del noviazgo y matrimonio?

”que os améis los unos a los otros”... ¿De qué maneras hacemos presente el amor de Jesús en el hogar, el trabajo o colegio?

“Nadie tiene mayor amor que el que da su vida...”
Dar la vida es también renunciar cada día a nuestros caprichos y deseos. Da ejemplos.

¿Pedimos para que el Espíritu Santo nos de cada día el don de fortaleza?
¿En qué momentos?


Secuencia de Pentecostés

Ven, Espíritu Divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos
.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el
hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén

 
Flecha
Página principal
© Ermita Virtual - 2007-2009 – Webmaster y responsable: Lilia I.Giorgetta B.