Como en la primera comunidad,
el Espíritu Santo se derrama sobre nosotros con sus siete sagrados dones
no para ocultarlos sino para iluminar
nuestros hogares y nuestra sociedad.
Pentecostes

Espíritu Santo, derrama tus dones


Señor, por intercesión de María, derrama sobre nosotros
el don de Sabiduría:

Para que nos ayude a valorar las cosas espirituales y nos dé una capacidad especial para juzgar según la medida de Dios. Para que apreciemos a cada ser humano por la riqueza de su interior y no por las apariencias exteriores.

Señor, por intercesión de María, derrama sobre nosotros
el don de Entendimiento:

Para que este regalo del Espíritu Santo, nos ayude a comprender la Palabra de Dios y a profundizar en la fe de la Iglesia. Concédenos el don de renovar la experiencia de los discípulos de Emaús cuando dijeron: “¿No ardía nuestro corazón mientras hablaba con nosotros en el camino, explicándonos las Escrituras?” (Lucas 24,32)

Señor, por intercesión de María, derrama sobre nosotros
el don de Consejo:

Para que nos ayude a saber decidir con acierto en las encrucijadas que encontramos en la vida diaria y nos ilumine para comprender qué es lo que conviene a nuestra vida de acuerdo a las enseñanzas del Evangelio.

Señor, por intercesión de María, derrama sobre nosotros
el don de Fortaleza:

Para que podamos perseverar en nuestra vida espiritual, danos esa fuerza especial que nos sostiene para no apartarnos de las enseñanzas de Jesús. Te suplicamos que el don de la fortaleza nos impulse a obrar valerosamente y sobrellevar las contrariedades de la vida.

Señor, por intercesión de María, derrama sobre nosotros
el don de Ciencia:

Para que este regalo del Espíritu Santo que nos permita conocerte más. Que esta luz nos ayude a sostener la fe que recibimos el día de nuestro bautismo y nos permita conocer el verdadero valor de cada ser que has creado.

Señor, por intercesión de María, derrama sobre nosotros
el don de Piedad:

Sana nuestro corazón de todo tipo de dureza para que nos abramos a tu inmensa ternura. Que aprendamos a valorar a cada ser humano como nuestro hermano, sin importarnos el color de su piel ni su situación económica. Quita de nuestro corazón la amargura, el enojo, la impaciencia. Te suplicamos que el don de piedad alimente nuestro interior con sentimientos de comprensión, de tolerancia y de perdón.

Señor, por intercesión de María, derrama sobre nosotros
el don de Temor de Dios:

Para que nos salve del orgullo y de la soberbia. Que el Espíritu Santo ilumine nuestra mente y nuestro corazón para que aprendamos a reconocerte como nuestro único bien, Dios lleno de misericordia y compasión.

Oración al Espíritu Santo

Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein)
Carmelita Descalza. Mártir

¿Quien eres Tú, dulce Luz que me llena,
e ilumina la oscuridad de mi corazón?
Me conduces igual que una mano materna,
y si me soltaras no sabría dar un paso.

Tú eres el espacio que envuelve todo mi ser,
y lo encierra en sí,
abandonado de ti caería en el abismo de la nada,
de donde Tú lo elevas al Ser.

Tú, más cercano a mi que yo mismo,
y más íntimo que mi intimidad,
y sin embargo inalcanzable e incomprensible,
y que haces estallar todo nombre:
¡Espíritu Santo Amor Eterno!

Eres tú el dulce manantial
que del Corazón del Hijo fluye hacia el mío,
alimento de los ángeles y de los bienaventurados.
Cristo, que de la muerte a la vida se elevó,
y me ha despertado también a mí a nueva vida
del sueño de la muerte,
y nueva vida me da día tras día,
y un día de su abundancia me colmará,
vida de tu vida, sí, ¡Tú mismo!
¡Espíritu Santo Vida Eterna!
Eres Tú la centella

que desde el trono del Juez eterno cae,
e irrumpe en la noche del alma,
que nunca se ha conocido a sí misma.
Misericordioso e inexorable,
penetra en los escondidos pliegues de esta alma
que se asusta al verse a sí misma.
Abre en ella lugar al santo temor
principio de toda sabiduría que viene de lo alto,
y en lo alto con firmeza nos amarra
a tu obra que nos hace nuevos,
¡Espíritu Santo Centella penetrante!

Eres Tú la plenitud del espíritu y la fuerza
con la que el Cordero rompe el sello
del eterno secreto de Dios.
Impulsados por ti los mensajeros del Juez
cabalgan por el mundo con espada afilada,
y separan el reino de la Luz del reino de la noche.
Entonces surgirá un nuevo cielo y una nueva tierra,
y todo, gracias a tu aliento, volverá a su justo lugar.
¡Espíritu Santo Fuerza triunfadora!
Amén

 
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