Meditaciones
para la vigilia de Pentecostés

 

pentecostes
Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo,
que vendrá sobre vosotros
para que seáis mis testigos en Jerusalén,
en toda Judea, en Samaría
y hasta los confines de la tierra.
(Hechos de los Apóstoles 1, 8)


En Pentecostés el mismo Espíritu pone en marcha la primera comunidad cristiana.
Desde ese día, la Iglesia es el ámbito de la presencia permanente del Espíritu Santo.
Lo que la Iglesia anuncia, testimonia, celebra, es siempre y gracias al Espíritu Santo.

La Iglesia es sacramento de salvación,
lo que significa que hoy Dios continúa haciéndose presente, visible y operante en ella.
A esta Iglesia pertenecemos todos nosotros junto con los bautizados de todo el mundo
y los que nos precedieron en la fe: los santos.

Los santos hicieron visible el Amor del Espíritu
y llevaron hasta las últimas consecuencias el mandato de Jesús: Ser testigos.
Permitieron que el Espíritu Santo anide en sus corazones
y con sus diversos carismas iluminaron al mundo.
La Iglesia presenta sus vidas como ejemplos a seguir.

Qué mejor tema para reflexionar en esta Vigilia Pascual que conocer un poco sobre la vida de algunos hermanos que, tomados de la mano de María, supieron leer en sus vidas y en los acontecimientos cotidianos el paso del Espíritu y fueron dóciles a sus mociones.

 

Secuencia de Pentecostés

Ven, Espíritu Divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén

 

 
Flecha
© Ermita Virtual - 2007-2009 – Webmaster y responsable: Lilia I.Giorgetta B.