Página principal
¡Resucitó
y está en medio nuestro!

 

atardecer

¿Oh muerte dónde está tu poder?
¿Oh infierno dónde está tu victoria?
Cristo resucitó, y fuiste aniquilado.
Cristo resucitó, y fueron arrojados los demonios,
Cristo resucitó y los ángeles se regocijaron.
Cristo resucitó y reinó la Vida.
Cristo resucitó, y los sepulcros se vaciaron de los muertos.
Porque Cristo habiendo resucitado de entre los muertos,
fue el Primogénito de entre los muertos,
a Él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos, amén

 

   


El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro.

Echa a correr y llega donde Simón Pedro
y donde el otro discípulo a quien Jesús quería
y les dice: "Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto."

Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro.

Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro.

Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró.

Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo,y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos.

Los discípulos, entonces, volvieron a casa.
Estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies.
Dícenle ellos: "Mujer, ¿por qué lloras?" Ella les respondió: "Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto."
Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Le dice Jesús: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?"
Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: "Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré."

Jesús le dice: "María." Ella se vuelve y le dice en hebreo: "Rabbuní" - que quiere decir: "Maestro" -.

Dícele Jesús: "No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios."

Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras.

 



Magda

 

 

 

 

 

resurexit

 

 

tomas

 

 

 

atardecer

 

 

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo:
"La paz con vosotros."

Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor.

Jesús les dijo otra vez: "La paz con vosotros.
Como el Padre me envió, también yo os envío."

Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
"Recibid el Espíritu Santo.

A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos."

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor."

Pero él les contestó: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré."

Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: "La paz con vosotros."

Luego dice a Tomás: "Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente."

Tomás le contestó: "Señor mío y Dios mío."

Dícele Jesús: "Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído."

Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro.

Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.

Juan 20, 1-31

 


«Resurrexit, alleluia» - «¡Ha resucitado, aleluya!».
Este año el anuncio gozoso de la Pascua, escuchado con fuerza
en la Vigilia de esa noche, nos llega también para hacer más firme nuestra esperanza.
«¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?
No está aquí, ha resucitado» (Lc 24, 5-6).
El Ángel consuela así a la mujeres que habían ido al sepulcro.
Así nos repite a nosotros la liturgia pascual, hombres y mujeres del tercer milenio:
¡Cristo ha resucitado, Cristo está vivo entre nosotros!
Su nombre es ya «el Viviente», «la muerte ya no tiene dominio sobre Él» (Rm 6, 9).
¡Escuchad todos los que os interesáis por el futuro del hombre!
¡Escuchad, hombres y mujeres de buena voluntad!
Que la tentación de la venganza abra paso a la valentía del perdón;
que la cultura de la vida y del amor haga vana la lógica de la muerte;
que la confianza vuelva a reanimar la vida de los pueblos.

Si, nuestro futuro es único, es un compromiso y un deber de todos construirlo
con paciente y solícita clarividencia.
¡Dichosa tú, María, testigo silencioso de la Pascua!
Tú, Madre del Crucificado resucitado, que en la hora del dolor
y de la muerte tuviste encendida la lámpara de la esperanza,
enséñanos también a nosotros a ser, entre las contradicciones del tiempo que pasa,
testigos convencidos y gozosos del perenne mensaje de vida y de amor
que trajo al mundo el Redentor resucitado.
Juan Pablo II, Pascua 2004

 

 
Flecha
© Ermita Virtual - 2007 – Webmaster y responsable: Lilia I.Giorgetta B. — actualizada: abril 2007