Jesús
nuestra esperanza

Jesús les dijo:

"No se turbe vuestro corazón.
Creéis en Dios: creed también en mí.

En la casa de mi Padre hay muchas mansiones;
si no, os lo habría dicho;
porque voy a prepararos un lugar.

Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo,
para que donde esté yo estéis también vosotros.

Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.

Si me amáis, guardaréis mis mandamientos;
y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito,
para que esté con vosotros para siempre,

El Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce.
Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros.

No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros.
Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros si me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis.

Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre
y vosotros en mí y yo en vosotros.

El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él."

Le dice Judas -no el Iscariote-:
"Señor, ¿qué pasa para que te vayas a manifestar
a nosotros y no al mundo?"

Jesús le respondió:
"Si alguno me ama, guardará mi Palabra,
y mi Padre le amará, y vendremos a él,
y haremos morada en él.

El que no me ama no guarda mis palabras.
Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado.

Os he dicho estas cosas estando entre vosotros.
Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho.

Os dejo la paz, mi paz os doy;
no os la doy como la da el mundo.

No se turbe vuestro corazón ni se acobarde.

Juan 14, 1-3. 14-27


SacroCuor

 

Dador de luz espléndido
A cuya luz serena,
Pasada ya la noche,

El día se despliega.

Mensajero de luz
que de luz centellea,
no es del alba el lucero:
eres tú, Luz de veras,

más brillante que el sol,
todo luz y pureza;
enciende nuestro pecho,
alumbra el alma nuestra.

Ven, Autor de la vida,
prez de la luz paterna,
sin cuya gracia el cuerpo
se sobresalta y tiembla.

A Cristo, rey piadoso,
y al Padre gloria eterna,

y por todos los siglos
al Espíritu sea. 

Himno de la Liturgia de las horas

 

 

 

 

Ahora te amo a Ti solo, a Ti solo sigo y busco, a Ti solo estoy dispuesto a servir, porque tú solo justamente señoreas; quiero estar bajo tu jurisdicción.
Manda lo que quieras, pero sana mis oídos para oír tu voz, cura y abre mis ojos para ver tus signos; destierra de mí toda ignorancia para que te reconozca. Dime adónde he de dirigir la mirada para verte, y espero hacer todo lo que me mandes.

Recibe a tu fugitivo, Señor, clementísimo Padre; basta ya con lo que he sufrido; basta con mis servicios a tu enemigo, hoy puesto bajo tus pies; basta ya de ser juguete de las apariencias falaces. Recíbeme como siervo tuyo; vengo huyendo de tus contrarios, que me retuvieron sin pertenecerles, porque vivía lejos de Ti. Ahora comprendo la necesidad de volver a Ti: ábreme la puerta porque estoy llamando, enséñame el camino para llegar a Ti. Sólo tengo voluntad; sé que lo caduco y transitorio debe despreciarse para llegar a lo seguro y eterno. Esto hago, Padre, porque sólo esto sé, pero aún no conozco el camino que lleva hasta Ti. Enséñamelo tú, muéstramelo tú, dame tú la fuerza para el viaje. Si con la fe llegan a Ti los que te buscan, no me niegues la fe; si con la virtud, dame la virtud; si con la ciencia, concédeme la ciencia. Aumenta en mí la fe, acrecienta la esperanza, amplía la caridad. ¡Qué admirable y singular es tu bondad!

A Ti se elevan mis suspiros, y vuelvo a pedirte alas para subir a Ti. Si me abandonas, la muerte se cierne sobre mí; pero tú no abandonas, porque eres el Sumo Bien y nadie te buscó del modo debido sin que te encontrara. Y debidamente te buscó quien recibió de Ti el don de buscarte como se debe. Que te busque, Padre mío, sin caer en ningún error; que al buscarte a Ti, no me salga al encuentro otro en tu lugar. Ya que mi único deseo es poseerte, ponte a mi alcance, Padre mío; y si ves en mi algún apetito superfluo, límpiame para que pueda verte.

San Agustín

 

 

 

¡Oh Jesús!,
Ayúdame a esparcir tu fragancia
donde quiera que vaya.
Inunda mi alma de tu espíritu y vida.
Aduéñate tan por completo de mí,
que toda mi vida sea una irradiación de la tuya.
Ilumina por mi medio
y de tal manera toma posesión de mí,
que cada alma con la que yo entre en contacto
pueda sentir tu presencia en mi alma.
Que al verme no me vea a mí sino a Ti en mí.
Permanece en mí,
a sí resplandeceré con tu mismo resplandor,
y que mi resplandor sirva de luz para los demás.
Mi luz toda de Ti vendrá, Jesús;
ni el más leve rayo será mío.
Serás Tú el que iluminarás a otros por mi medio.
Sugiéreme la alabanza que más te agradara,
iluminando a otros a mi alrededor.
Que no lo pregone con palabras
sino con mi ejemplo,
con el influjo de lo que yo lleve a cabo,
con el destello visible del amor
que mi corazón saca de Ti. Amén.

Teresa de Calcuta

 




Teresa_Calcuta
© ErmitaVirtual, 2007 – Webmaster y responsable: Lilia I. Giorgetta B. — Actualizado: octubre 2007
Inicio
Oraciones