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Liturgia de las Horas

Sábado - I Semana del salterio
Hora intermedia

Semana XVII del tiempo ordinario

31 de julio: san Ignacio de Loyola, presbítero. Memoria obligatoria

Tercia, Sexta, Nona

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(se hace la señal de la cruz mientras se dice:)

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Himno

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.

Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.

Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh buen Jesús! óyeme.

Dentro de tus llagas, escóndeme,
no permitas que me separe de Tí.

Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame,
y mándame ir a Tí,

para que con tus santos te alabe,
por los siglos de los siglos. Amén.

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Salmodia

Salmo 118,33-40 V (He)

Ant. 1 Correré por el camino de tus mandatos cuando me ensanches el corazón.

Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes,
y lo seguiré puntualmente;
enséñame a cumplir tu voluntad
y a guardarla de todo corazón;
guíame por la senda de tus mandatos,
porque ella es mi gozo.

Inclina mi corazón a tus preceptos,
y no al interés;
aparta mis ojos de las vanidades,
dame vida con tu palabra;
cumple a tu siervo la promesa
que hiciste a tus fieles.

Aparta de mí la afrenta que temo,
porque tus mandamientos son amables;
mira cómo ansío tus decretos:
dame vida con tu justicia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Correré por el camino de tus mandatos cuando me ensanches el corazón.

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Salmo 33 El Señor, salvación de los justos

I

Habéis saboreado
lo bueno que es el Señor (1P 2, 3)

Ant. 2. Los que buscan al Señor no carecen de nada.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias.

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias.

El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él.

Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que le temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Los que buscan al Señor no carecen de nada.

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II

Ant. 3 Busca la paz y corre tras ella.

Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor;
¿hay alguien que ame la vida
y desee días de prosperidad?

Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella.

Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.

Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.

Aunque el justo sufra muchos males
de todos lo libra el Señor;
él cuida de todos sus huesos,
y ni uno solo se quebrará.

La maldad da muerte al malvado,
y los que odian al justo serán castigados.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Busca la paz y corre tras ella.

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Lectura breve:

Sabiduría 7, 27a; 8, 1

La sabiduría de Dios, siendo una sola, todo lo puede; sin cambiar en nada, renueva el universo. Alcanza con vigor de extremo a extremo y gobierna el universo con acierto.

V. ¡Qué magníficas son tus obras, Señor!
R. ¡Qué profundos tus designios!

 

Oremos:

Señor, Dios nuestro, que has suscitado en tu Iglesia a san Ignacio de Loyola para extender la gloria de tu nombre, concédenos que después de combatir en la tierra, bajo su protección y siguiendo su ejemplo, merezcamos compartir con él la gloria del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Conclusión

(se hace la señal de la cruz mientras se dice:)

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

V. Desde la salida del sol hasta su ocaso.
R. Bendigamos el nombre del Señor.

Flecha

 

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