EV

Liturgia de las Horas

Miércoles - I Semana del salterio
Hora intermedia

 

Tercia, Sexta, Nona

Semana XVII del tiempo ordinario
28 de julio: San Pedro Poveda, presbítero y mártir. Memoria libre.
Nació en Linares, Jaén (España) el 3 de diciembre de 1874.
En 1911 funda la Institución Teresiana principalmente dedicada a la educación. Consciente de la importancia de articular esfuerzos de solidaridad para la construcción de sociedades más humanas en la perspectiva de los valores del Evangelio.
También impulsa la organización de numerosos grupos y asociaciones de educadores y profesionales cristianos.
Muere como mártir al comienzo de la guerra civil española, el 28 de julio de 1936.
Su autodefinición en el momento en que lo detienen fue: "Soy sacerdote de Cristo".

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(se hace la señal de la cruz mientras se dice:)

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Himno

Danos un corazón
grande para amar.
Danos un corazón,
fuerte para luchar.

Hombres nuevos, creadores de la historia
constructores de nueva humanidad,

hombres nuevos, que viven la existencia,
Como riesgo de un largo caminar.

Hombres nuevos, luchando en esperanza,
caminantes sedientos de verdad.

Hombres nuevos, sin frenos ni cadenas,
hombres libres, que exigen libertad. Amén

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Salmodia

Salmo 118, 9-16 II (Beth)

Ant. 1 Bendito eres, Señor, enséñame tus leyes.

¿Cómo podrá un joven andar honestamente?
Cumpliendo tus palabras.
Te busco de todo corazón,
no consientas que me desvíe de tus mandamientos.
En mi corazón escondo tus consignas,
así no pecaré contra ti.

Bendito eres, Señor,
enséñame tus leyes.
Mis labios van enumerando
los mandamientos de tu boca;
mi alegría es el camino de tus preceptos,
más que todas las riquezas.

Medito tus decretos,
y me fijo en tus sendas;
tu voluntad es mi delicia,
no olvidaré tus palabras.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Bendito eres, Señor, enséñame tus leyes.

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Salmo 16 Dios, esperanza del inocente perseguido
I

En los días de su vida mortal presentó
oraciones y súplicas, y fue escuchado (Hb 5, 7)

Ant. 2.Mis pies estuvieron firmes en tus caminos, Señor.

Señor, escucha mi apelación,
atiende a mis clamores,
presta oído a mi súplica,
que en mis labios no hay engaño:
emane de ti la sentencia,
miren tus ojos la rectitud.

Aunque sondees mi corazón,
visitándolo de noche,
aunque me pruebes al fuego,
no encontrarás malicia en mí.

Mi boca no ha faltado
como suelen los hombres;
según tus mandatos, yo me he mantenido
en la senda establecida.
Mis pies estuvieron firmes en tus caminos,
y no vacilaron mis pasos.

Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;
inclina el oído y escucha, mis palabras.
Muestra las maravillas de tu misericordia,
tú que salvas de los adversarios
a quien se refugia a tu derecha.

Guárdame como a las niñas de tus ojos,
a la sombra de tus alas escóndeme
de los malvados que me asaltan,
del enemigo mortal que me cerca.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mis pies estuvieron firmes en tus caminos, Señor.

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II

Ant. 3. Levántate, Señor, y líbrame.

Han cerrado sus entrañas
y hablan con boca arrogante;
ya me rodean sus pasos,
se hacen guiños para derribarme,
como un león ávido de presa,
como un cachorro agazapado en su escondrijo.

Levántate, Señor, hazle frente, doblégalo,
que tu espada me libre del malvado,
y tu mano, Señor, de los mortales;
mortales de este mundo: sea su lote esta vida;
de tu despensa les llenarás el vientre,
se saciarán sus hijos
y dejarán a sus pequeños lo que sobra.

Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia,
y al despertar me saciaré de tu semblante.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Levántate, Señor, y líbrame.

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Lectura breve:

Santiago 4, 2-8a- 10

Someteos a Dios y enfrentaos con el diablo, que huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y Dios se acercará a vosotros. Humillaos ante el Señor, que él os levantará.

V. Los ojos del Señor están puestos en sus fieles.
R. En los que esperan en su misericordia.

Oremos

Señor Jesucristo, que, por la salvación de los hombres, extendiste tus brazos en la cruz, haz que todas nuestras acciones te sean agradables, y sirvan para manifestar al mundo tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Conclusión

(se hace la señal de la cruz mientras se dice:)

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

V. Desde la salida del sol hasta su ocaso.
R. Bendigamos el nombre del Señor.

Flecha

 

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