Salmodia
Salmo 118,
153-160 XX (Res)
Ant. 1. Jesús le dice a María: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿a quién buscas?»
Mira mi abatimiento y líbrame,
porque no olvido tu voluntad,
defiende mi causa y rescátame,
con tu promesa dame vida;
la justicia está lejos de los malvados
que no buscan tus leyes.
Grande es tu ternura, Señor,
con tus mandamientos dame vida;
muchos son los enemigos que me persiguen,
pero yo no me aparto de tus preceptos;
viendo a los renegados, sentía asco,
porque no guardan tus mandatos.
Mira cómo amo tus decretos,
Señor, por tu misericordia dame vida;
el compendio de tu palabra es la verdad,
y tus justos juicios son eternos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Jesús le dice a María: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿a quién buscas?»
ir arriba
Salmo 127 Paz doméstica en el hogar del justo
«Que el Señor te bendiga desde Sión»,
es decir, desde su Iglesia (Arnobio)
I
Ant. 2. Se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto.
Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien;
tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa:
ésta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida;
que veas a los hijos de tus hijos.
¡Paz a Israel!
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto.
ir arriba
Salmo 128 Esperanza de un pueblo oprimido
La Iglesia habla de los sufrimientos
que tiene que tolerar (S. Agustín)
Ant. 3. Jesús le dice: «¡María!» Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboní!»,
que significa: «¡Maestro!»
¡Cuánta guerra me han hecho desde mi juventud
–que lo diga Israel–,
cuánta guerra me han hecho desde mi juventud,
pero no pudieron conmigo!
En mis espaldas metieron el arado
y alargaron los surcos.
Pero el Señor, que es justo,
rompió las coyundas de los malvados.
Retrocedan avergonzados,
los que odian a Sión;
sean como la hierba del tejado,
que se seca y nadie la siega;
que no llena la mano del segador
ni la brazada del que agavilla;
ni le dicen los que pasan:
«Que el Señor te bendiga.»
Os bendecimos en el nombre del Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Jesús le dice: «¡María!» Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboní!»,
que significa: «¡Maestro!»
ir arriba
Lectura breve:
1 Juan 3,16-18
En esto hemos conocido lo que es amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos.
Si alguno que posee bienes de la tierra, ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?
Hijos míos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad.
V. Dichoso el que se apiada y presta.
R. Su recuerdo será perpetuo.
Oremos:
Señor, Dios nuestro, Cristo, tu Unigénito, confió, antes que a nadie, a María Magdalena la misión de anunciar a los suyos la alegría pascual; concédenos a nosotros, por la intercesión y el ejemplo de aquella cuya fiesta celebramos, anunciar siempre a Cristo resucitado y verle un día glorioso en el reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Conclusión
† (se hace la señal de la cruz mientras se dice:)
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
V. Desde la salida del sol hasta su ocaso.
R. Bendigamos el nombre del Señor.

|