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Liturgia de las Horas - Tiempo de Navidad

Viernes 9 de enero
Hora intermedia

Tercia, Sexta, Nona

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V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Himno

Oh Jesucristo, Redentor de todos,
que antes de que la luz resplandeciera
naciste de tu Padre soberano
con gloria semejante a la paterna:

Tú que eres Luz y resplandor del Padre
y perpetua esperanza de los hombres,
escucha las palabras que tus siervos
elevan hasta Ti de todo el orbe.

Oh Creador de todo lo creado,
acuérdate del día en que este suelo
te vio nacer del vientre de la Virgen
vestido con un cuerpo igual al nuestro.

Hoy es el día en que conmemoramos
el hecho portentoso de aquel día,
cuando dejando el seno de tu Padre
viniste a darnos la salud perdida.

La tierra, el mar, el cielo y cuanto existe
bajo la muchedumbre de sus astros
rinden tributo con un canto nuevo
a quien la nueva salvación nos trajo.

Y nosotros, los hombres, los que fuimos
lavados con tu sangre sacratísima,
celebramos también con nuestros cantos
nuestras alabanzas tu venida.

Gloria sea al divino Jesucristo,
que nació de tan puro y casto seno,
y gloria igual al Padre y al Espíritu
por infinitos e infinitos tiempos. Amén.

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Salmodia

Salmo 118, 73-80 X (Iod)

Ant. 1 El misterio escondido desde el comienzo de los siglos
y generaciones, ahora se ha manifestado.

Tus manos me hicieron y me formaron:
instrúyeme para que aprenda tus mandatos;
tus fieles verán con alegría
que he esperado en tu palabra;
reconozco, Señor, que tus mandamientos son justos,
que con razón me hiciste sufrir.

Que tu bondad me consuele,
según la promesa hecha a tu siervo;
cuando me alcance tu compasión, viviré,
y mis delicias serán tu voluntad;
que se avergüencen los insolentes
del daño que me hacen;
yo meditaré tus decretos.

Vuelvan a mí tus fieles
que hacen caso de tus preceptos;
sea mi corazón perfecto en tus leyes,
así no quedaré avergonzado.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El misterio escondido desde el comienzo de los siglos
y generaciones, ahora se ha manifestado.

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Salmo 58, 2-5. 10-11. 17-18 Oración pidiendo la protección de Dios contra los enemigos

Estas súplicas expresan la confianza
del Salvador en su Padre (Eusebio de Cesarea)

Ant. 2 Cristo, cuando vino, anunció la buena nueva de la paz
a los que estaban lejos y a los que estaban cerca.

Líbrame de mi enemigo, Dios mío;
protégeme de mis agresores,
líbrame de los malhechores,
sálvame de los hombres sanguinarios.

Mira que me están acechando,
y me acosan los poderosos:
sin que yo haya pecado ni faltado, Señor,
sin culpa mía, avanzan para acometerme.

Despierta, ven a mi encuentro, mira:
tú, el Señor de los ejércitos,
el Dios de Israel.

Estoy velando contigo, fuerza mía,
porque tú, oh Dios, eres mi alcázar;
que tu favor se adelante, oh Dios,
y me haga ver la derrota del enemigo.

Pero yo cantaré tu fuerza,
por la mañana aclamaré tu misericordia;
porque has sido mi alcázar
y mi refugio en el peligro.

Y tocaré en tu honor, fuerza mía,
porque tú, oh Dios, eres mi alcázar.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cristo, cuando vino, anunció la buena nueva de la paz
a los que estaban lejos y a los que estaban cerca.

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Salmo 59 Oración después de una calamidad

En el mundo tendréis luchas;
pero tened valor: Yo he vencido al mundo (Jn 16, 33)

 

Ant. 3 Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance
hasta el confín de la tierra.

Oh Dios, nos rechazaste y rompiste nuestras filas;
estabas airado, pero restáuranos.
Has sacudido y agrietado el país:
repara sus grietas, que se desmorona.

Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo,
dándole a beber un vino de vértigo;
diste a tus fieles la señal de desbandada,
haciéndolos huir de los arcos.

Para que se salven tus predilectos,
que tu mano salvadora nos responda.

Dios habló en su santuario:
«Triunfante ocuparé Siquén,
parcelaré el valle de Sucot;

mío es Galaad, mío Manasés,
Efraín es yelmo de mi cabeza,
Judá es mi cetro;

Moab, una jofaina para lavarme;
sobre Edom echo mi sandalia,
sobre Filistea canto victoria.»

Pero ¿quién me guiará a la plaza fuerte,
quién me conducirá a Edom,
si tú, oh Dios, nos has rechazado
y no sales ya con nuestras tropas?

Auxílianos contra el enemigo,
que la ayuda del hombre es inútil.
Con Dios haremos proezas,
él pisoteará a nuestros enemigos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance
hasta el confín de la tierra.

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Lectura breve:

1 Juan 1,5

Os anunciamos el mensaje que hemos oído a Jesucristo: Dios es luz sin tiniebla alguna.

V. Bendecid, pueblos, a nuestro Dios.
R. Haced resonar sus alabanzas.

Oración

Señor, luz radiante de todas las naciones, concede a los pueblos de la tierra gozar de una paz estable, e ilumina nuestros corazones con aquella luz espléndida que condujo a nuestros padres al conocimiento de tu Hijo. Que vive y reina contigo. Amén.

 

Conclusión

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

V. Desde la salida del sol hasta su ocaso.
R. Bendigamos el nombre del Señor.

Flecha

 

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