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Liturgia de las Horas - Tiempo de Navidad

Martes 6 de enero
SOLEMNIDAD: EPIFANÍA DEL SEÑOR
Hora intermedia

Tercia, Sexta, Nona

 

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V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Himno

¿Por qué temes cruel Herodes que Dios
venga a la tierra de que es Rey eterno
Si Él no quita los reinos transitorios
Sino que da celestial reino?

Guiados por el brillo de una estrella
los Magos dejan su país lejano,
y buscan con su luz la luz divina
hasta encontrar a Dios y confesarlo.

El cándido Cordero de los cielos
toca las ondas del sagrado río,
y en sus aguas nos limpia de las faltas
de que Él está perfectamente limpio.

Por un milagro del poder más alto
el agua en las vasijas se enrojece
y, dócil al mandato soberano,
en verdadero vino se convierte.

Glorificado seas, Jesucristo,
que te manifestaste a los gentiles,
y que en unión del Padre y del Paráclito
en todo sitio y todo tiempo existes. Amén.

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Salmodia

Salmo 46: El Señor es rey de todas las cosas

Ant. 1 El misterio escondido desde el comienzo de los siglos
y generaciones, ahora se ha manifestado.

Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor es sublime y terrible,
emperador de toda la tierra.

Él nos somete los pueblos
y nos sojuzga las naciones;
Él nos escogió por heredad suya:
gloria de Jacob, su amado.

Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas:
tocad para Dios, tocad,
tocad para nuestro Rey, tocad.

Porque Dios es el rey del mundo:
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado.

Los príncipes de los gentiles se reúnen
con el pueblo del Dios de Abrahán;
porque de Dios son los grandes de la tierra,
y Él es excelso.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El misterio escondido desde el comienzo de los siglos
y generaciones, ahora se ha manifestado.

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Salmo 85,1-10

Ant. 2 Cristo, cuando vino, anunció la buena nueva de la paz
a los que estaban lejos y a los que estaban cerca.

Inclina tu oído, Señor, escúchame,
que soy un pobre desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva a tu siervo, que confía en ti.

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia tí;

porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica.

En el día del peligro te llamo,
y tú me escuchas.
No tienes igual entre los dioses, Señor,
ni hay obras como las tuyas.

Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
"Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios."

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cristo, cuando vino, anunció la buena nueva de la paz
a los que estaban lejos y a los que estaban cerca.

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Salmo 97: El Señor, juez vencedor

 

Ant. 3 Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance
hasta el confín de la tierra.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad:

tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor.

Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la habitan;
aplaudan los ríos, aclamen los montes
al Señor, que llega para regir la tierra.

Regirá el orbe con justicia
y los pueblos con rectitud.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance
hasta el confín de la tierra.

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Lectura breve:

Zacarías 2,15

Aquel día se unirán al Señor muchos pueblos, y serán pueblo mío. Habitaré en medio de ti, y comprenderás que el Señor de los ejércitos me ha enviado a ti.

V. Bendecid, pueblos, a nuestro Dios.
R. Haced resonar sus alabanzas.

 

Oración

Señor, tú que en este día revelaste a tu Hijo unigénito a los pueblos gentiles, por medio de una estrella, concede a los que ya te conocemos por la fe poder contemplar un día, cara a cara, la hermosura infinita de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

 

Conclusión

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

V. Desde la salida del sol hasta su ocaso.
R. Bendigamos el nombre del Señor.

Flecha

 

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