EV

Liturgia de las Horas - Tiempo de Navidad

Lunes - 5 de enero
Hora intermedia

Tercia, Sexta, Nona

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V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Himno

Miremos la dulce estrella
del bien y de la virtud,
que en el cielo de las almas
dice el nombre de Jesús.

Y, saliendo a los caminos,
busquemos con gratitud
a quien hoy se manifiesta
como nuestra eterna luz.

Con los ojos en la estrella
que nos ha de acompañar,
comencemos nuestro viaje
sin recelo ni ansiedad,

eligiendo entre las sendas
la que nos ha de llevar
a quien hoy se manifiesta
como nuestra eterna paz.

Detrás de la mansa estrella
del amor y de la fe,
que en la noche de los hombres
dice el nombre de Belén.

Sigamos nuestro camino
con la esperanza de ver
a quien hoy se manifiesta
como nuestro eterno bien.

Fieles a la santa estrella
que con su brillo feliz
nos ha de mostrar el rumbo
del suspirado país.

Confiemos en que sus rayos
nos habrán de conducir
a quien hoy se manifiesta
como nuestro eterno fin.

Y por la luz de la estrella
de la gracia y el perdón,
en lo más alto del cielo
dice el nombre del Señor.

Lleguemos con toda el alma
y con todo el corazón
a quien hoy se manifiesta
como nuestro eterno Dios. Amén.

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Salmodia

Salmo 118, 41-48 . VI (Vau)

 

Ant. 1 José y María, la madre de Jesús, estaban maravillados
de lo que se decía de él.

Señor, que me alcance tu favor,
tu salvación según tu promesa:
así responderé a los que me injurian,
que confío en tu palabra;
no quites, de mi boca las palabras sinceras,
porque yo espero en tus mandamientos.

Cumpliré sin cesar tu voluntad,
por siempre jamás;
andaré por un camino ancho,
buscando tus decretos;
comentaré tus preceptos ante los reyes,
y no me avergonzaré.

Serán mi delicia tus mandatos,
que tanto amo;
levantaré mis manos hacia ti
recitando tus mandatos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. José y María, la madre de Jesús, estaban maravillados
de lo que se decía de él.

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Salmo 39,2-14. 17-18 Acción de gracias y petición de auxilio

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
pero me has preparado un cuerpo (Hb 10, 5)

Ant. 2 María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito:

me levantó de la fosa fatal,
de la charca fangosa;
afianzó mis pies sobre roca,
y aseguró mis pasos;

me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios.
Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos
y confiaron en el Señor.

Dichoso el hombre que ha puesto
su confianza en el Señor,
y no acude a los idólatras;
que se extravían con engaños.

Cuántas maravillas has hecho,
Señor, Dios mío,
cuántos planes en favor nuestro;
nadie se te puede comparar.
Intento proclamarlas, decirlas,
pero superan todo número.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: «Aquí estoy
–como está escrito en mi libro–
para hacer tu voluntad.»

Díos mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

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II

Ant. 3 Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado
ante todos los pueblos.

He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes.

No me he guardado en el pecho tu defensa,
he contado tu fidelidad y tu salvación,
no he negado tu misericordia y tu lealtad
ante la gran asamblea.

Tú, Señor, no me cierres tus entrañas,
que tu misericordia y tu lealtad
me guarden siempre,
porque me cercan desgracias sin cuento.

Se me echan encima mis culpas,
y no puedo huir;
son más que los pelos de mi cabeza,
y me falta el valor.

Señor, dígnate librarme;
Señor, date prisa en socorrerme.

Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
digan siempre: «Grande es el Señor»
los que desean tu salvación.

Yo soy pobre y desgraciado,
Pero el Señor se cuida de mí;
Tú eres mi auxilio y mi liberación:
Dios, mío, no tardes.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado
ante todos los pueblos.

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Lectura breve:

Miqueas 2, 12

Yo te he de reunir, Jacob, congregaré tus supervivientes, Israel. Los juntaré como ovejas en un redil, como un rebaño en el establo.

V. La misericordia y la fidelidad se encuentran. Aleluya.
R. La justicia y la paz se besan. Aleluya.

Oración

Señor, que has comenzado de modo admirable la obra de la redención de los hombres con el nacimiento de tu Hijo, concédenos, te rogamos, una fe tan sólida que, guiados por el mismo Jesucristo, podamos alcanzar los premios eternos que nos has prometido. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

 

Conclusión

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

V. Desde la salida del sol hasta su ocaso.
R. Bendigamos el nombre del Señor.

Flecha

 

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