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Liturgia de las Horas - Tiempo de Navidad

Sábado 9 de enero
Hora intermedia

Tercia, Sexta, Nona

2º tiempo de Navidad, II semana del Salterio

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(se hace la señal de la cruz mientras se dice:)

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

Himno

Virgen María, de la Navidad.
Danos el gozo, danos la paz.

Danos un mundo de luz y amistad.
Danos, oh Madre, una Navidad.

En un mundo sembrado de odio
el Amor ha querido habitar;

una Virgen nos da la alegría,
una Virgen nos trae Navidad.

A los pobres que velan sus penas,
al que llora sin techo ni pan,

ha llegado una luz de esperanza,
y con ella llegó Navidad.

Cuando el hombre abandone la guerra,
cuando el odio se vuelva amistad;

cuando todo sonría cantando,
cuando amemos habrá Navidad. Amén.


Salmodia

Salmo 118, 81-88 XI (Caph)

Ant. 1. El misterio escondido desde el comienzo de los siglos
y generaciones, ahora se ha manifestado.

Me consumo ansiando tu salvación,
y espero en tu palabra;
mis ojos se consumen ansiando tus promesas,
mientras digo: «¿Cuándo me consolarás?»
Estoy como un odre puesto al humo,
pero no olvido tus leyes.

¿Cuántos serán los días de tu siervo?
¿Cuándo harás justicia de mis perseguidores?
Me han cavado fosas los insolentes,
ignorando tu voluntad;
todos tus mandatos son leales,
sin razón me persiguen, protégeme.

Casi dieron conmigo en la tumba,
pero yo no abandoné tus decretos;
por tu bondad dame vida,
para que observe los preceptos de tu boca.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El misterio escondido desde el comienzo de los siglos
y generaciones, ahora se ha manifestado.

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Salmo 60 Oración de un desterrado

Oración del justo que espera
la vida eterna (S. Hilario)

Ant. 2. Cristo, cuando vino, anunció la buena nueva de la paz
a los que estaban lejos y a los que estaban cerca.

Dios mío, escucha mi clamor,
Atiende a mi súplica;
te invoco desde el confín de la tierra
con el corazón abatido:

llévame a una roca inaccesible,
porque tú eres mi refugio
y mi bastión contra el enemigo.

Habitaré siempre en tu morada,
refugiado al amparo de tus alas;
porque tú, oh Dios, escucharás mis votos
y me darás la heredad de los que veneran tu nombre.

Añade días a los días del rey,
que sus años alcancen varias generaciones;
que reine siempre en presencia de Dios,
que tu gracia y tu lealtad le hagan guardia.

Yo tañeré siempre en tu honor,
e iré cumpliendo mis votos día tras día.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cristo, cuando vino, anunció la buena nueva de la paz
a los que estaban lejos y a los que estaban cerca.

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Salmo 63 Súplica contra los enemigos

Este salmo se aplica especialmente
a la pasión del Señor (S. Agustín)

Ant. 3. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance
hasta el confín de la tierra.

Escucha, oh Dios, la voz de mi lamento,
protege mi vida del terrible enemigo;
escóndeme de la conjura de los perversos
y del motín de los malhechores:

afilan sus lenguas como espadas
y disparan como flechas palabras venenosas,
para herir a escondidas al inocente,
para herirlo por sorpresa y sin riesgo.

Se animan al delito,
calculan cómo esconder trampas,
y dicen:«¿Quién lo descubrirá?»
Inventan maldades y ocultan sus invenciones,
porque su mente y su corazón no tienen fondo.

Pero Dios los acribilla a flechazos,
por sorpresa los cubre de heridas;
su misma lengua los lleva a la ruina,
y los que lo ven menean la cabeza.

Todo el mundo se atemoriza,
Proclama la obra de Dios
y medita sus acciones.

El justo se alegra con el Señor,
se refugia en él,
y se felicitan los rectos de corazón.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance
hasta el confín de la tierra.

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Lectura breve:

Miqueas 2,12

Yo te he de reunir, Jacob, congregaré tus supervivientes, Israel. Los juntaré como ovejas en un redil, como un rebaño en el establo.

V. Bendecid, pueblos, a nuestro Dios.
R. Haced resonar sus alabanzas.

Oremos:

Dios todopoderoso y eterno, tú que nos has hecho renacer a una nueva vida por medio de tu Hijo, concédenos que la gracia nos modele a imagen de Cristo, en quien nuestra naturaleza mortal se une a tu naturaleza divina. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Conclusión

(se hace la señal de la cruz mientras se dice:)

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

V. Desde la salida del sol hasta su ocaso.
R. Bendigamos el nombre del Señor.

Flecha

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