Salmodia
Salmo 118,49-56 VII (Zain)
Ant. 1 José y María, la madre de Jesús, estaban maravillados
de lo que se decía de él.
Recuerda la palabra que diste a tu siervo,
de la que hiciste mi esperanza;
éste es mi consuelo en la aflicción:
que tu promesa me da vida;
los insolentes me insultan sin parar,
pero yo no me aparto de tus mandatos.
Recordando tus antiguos mandamientos,
Señor, quedé consolado;
sentí indignación ante los malvados,
que abandonan tu voluntad;
tus leyes eran mi canción
en tierra extranjera.
De noche pronuncio tu nombre,
Señor, y, velando, tus preceptos;
esto es lo que a mí me toca:
guardar tus decretos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. José y María, la madre de Jesús, estaban maravillados
de lo que se decía de él.
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Salmo 52 Necedad de los pecadores
Todos pecaron y todos están privados
de la gloria de Dios (Rm 3, 23)
Ant. 2 María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Dice el necio para sí;
«No hay Dios.»
Se han corrompido cometiendo execraciones,
no hay quien obre bien.
Dios observa desde el cielo
a los hijos de Adán,
para ver si hay alguno sensato
que busque a Dios.
Todos se extravían
igualmente obstinados,
no hay uno que obre bien,
ni uno solo.
–Pero ¿no aprenderán los malhechores
que devoran a mi pueblo como pan
y no invocan al Señor?
Pues temblarán de espanto,
porque Dios esparce los huesos del agresor,
y serán derrotados,
porque Dios los rechaza.
¡Ojalá venga desde Sión
la salvación de Israel!
Cuando el Señor cambie la suerte de su pueblo,
se alegrará Jacob y gozará Israel.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
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Salmo 53, 3-6. 8-9 Petición de auxilio
El profeta pide verse libre de sus enemigos
por el nombre del Señor (Casiodoro)
Ant. 3 Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado
ante todos los pueblos.
Oh Dios, sálvame por tu nombre,
sal por mí con tu poder.
Oh Dios, escucha mi súplica,
atiende a mis palabras;
porque unos insolentes se alzan contra mí,
y hombres violentos me persiguen a muerte;
sin tener presente a Dios.
Pero Dios es mi auxilio,
el Señor sostiene mi vida.
Te ofreceré un sacrificio voluntario,
dando gracias a tu nombre, que es bueno;
porque me libraste del peligro,
y he visto la derrota de mis enemigos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado
ante todos los pueblos.
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Lectura breve:
1 Corintios 12, 24b. 25-26
Yo ofrecía respuesta a los que no preguntaban, salía al encuentro de los que no me buscaban; decía: «Aquí estoy, aquí estoy», al pueblo que no invocaba mi nombre.
V. Señor, Dios nuestro, reúnenos de entre los gentiles.
R. Daremos gracias a tu santo nombre.
Oremos:
Oh Dios, que enviaste un ángel al centurión Cornelio, para que le revelara el camino de la salvación, ayúdanos a trabajar cada día con mayor entrega en la salvación de los hombres, para que, junto con todos nuestros hermanos, incorporados a tu Iglesia, podamos llegar a ti. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Conclusión
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
V. Desde la salida del sol hasta su ocaso.
R. Bendigamos el nombre del Señor.

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