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Salmo
21 El siervo de Dios sufriente ora, y Dios le responde
I
A media tarde,
Jesús gritó: «Elí, Elí, lamá sabaktaní» (Mt 27, 46)
Ant. 1 María ha recibido la bendición del Señor
y la misericordia de Dios, su salvador.
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?;
a pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza.
Dios mío, de día te grito, y no respondes;
de noche, y no me haces caso;
aunque tú habitas en el santuario,
esperanza de Israel.
En ti confiaban nuestros padres;
confiaban, y los ponías a salvo;
a ti gritaban, y quedaban libres;
en ti confiaban, y no los defraudaste.
Pero yo soy un gusano, no un hombre,
vergüenza de la gente, desprecio del pueblo;
al verme, se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre, si tanto lo quiere.»
Tú eres quien me sacó del vientre,
me tenías confiado en los pechos de mi madre;
desde el seno pasé a tus manos,
desde el vientre materno tú eres mi Dios.
No te quedes lejos, que el peligro está cerca
y nadie me socorre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.María ha recibido la bendición del Señor
y la misericordia de Dios, su salvador.
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II
Ant. 2 Alégrate tú, porque nos obtuviste la salvación;
Santa llena de gloria, Madre de Dios.
Suban por ti nuestras plegarias donde mora Cristo, tu hijo amado.
Me acorrala un tropel de novillos,
me cercan toros de Basán;
abren contra mí las fauces,
leones que descuartizan y rugen.
Estoy como agua derramada,
tengo los huesos descoyuntados;
mi corazón, como cera,
se derrite en mis entrañas;
mi garganta está seca como una teja,
la lengua se me pega al paladar;
me aprietas contra el polvo de la muerte.
Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos.
Ellos me miran triunfantes,
se reparten mi ropa,
echan a suerte mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.
Líbrame a mí de la espada,
y a mi única vida, de la garra del mastín;
sálvame de las fauces del león;
a este pobre, de los cuernos del búfalo.
Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Alégrate tú, porque nos obtuviste la salvación;
Santa llena de gloria, Madre de Dios.
Suban por ti nuestras plegarias donde mora Cristo, tu hijo amado.
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II
Ant. 3 Te alabamos como templo viviente, oh Madre de Dios.
Al habitar en tu seno, el que rige todas las cosas te santificó.
Salve tabernáculo de Dios.
Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor;
¿hay alguien que ame la vida
y desee días de prosperidad?
Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella.
Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el Señor;
él cuida de todos sus huesos,
y ni uno solo se quebrará.
La maldad da muerte al malvado,
y los que odian al justo serán castigados.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Te alabamos como templo viviente, oh Madre de Dios.
Al habitar en tu seno, el que rige todas las cosas te santificó.
Salve tabernáculo de Dios.
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Lectura breve:
Judit 14, 7 (cfr.)
Te bendecirán en todas las tiendas de Judá, y todos los pueblos que escuchen tu fama alabarán al Dios de Israel.
V. Bendita tú entre las mujeres.
R. Y bendito el fruto de tu vientre.
Oremos:
Te suplicamos, Señor, que la poderosa intercesión de la Virgen María,
en su advocación del monte Carmelo, nos ayude y nos haga llegar hasta Cristo, monte de salvación. Que vive y reina contigo. Amén.
Conclusión
† (se hace la señal de la cruz mientras se dice:)
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
V. Desde la salida del sol hasta su ocaso.
R. Bendigamos el nombre del Señor.

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