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Liturgia de las Horas

Miércoles - III Semana del salterio
Hora intermedia

Semana XV del tiempo ordinario

14 de julio: San Camilo de Lelis, presbítero. Memoria libre

Fundador de los Siervos de los enfermos.
Patrono de los enfermos, profesionales de la salud y hospitales.
Encontró a Jesucristo en los enfermos pobres, a los que amaba
y servía con todo su corazón.


Tercia, Sexta, Nona

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(se hace la señal de la cruz mientras se dice:)

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Himno

Jesús, te seguiré,
donde me lleves iré,

muéstrame ese lugar donde vives,
quiero quedarme contigo allí. Junto a Ti.

Escuchando tus palabras,
algo nuevo nació en mí,

es que nunca nadie nos
había venido a hablar así.
Ahora veo claro, la verdad está en Ti.

Hoy he visto como se aman
los que viven junto a Ti;

hace tiempo que sediento
había querido amar así.
Ahora siento que tu amor viene hacia mí.

Hoy he visto a los leprosos
sanos y a los ciegos ver.

Hasta el pan multiplicarse
para darnos de comer.
¡Oh, Maestro mío, todo lo haces bien!

 

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Salmodia

Salmo 118, 105-112 XIV (Nun)

 

Ant. 1 «El que me sigue no camina en tinieblas,
sino que tendrá la luz de la vida», dice el Señor.

Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.

Acepta, Señor, los votos, que pronuncio,
enséñame tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.

Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y cabalmente.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. «El que me sigue no camina en tinieblas,
sino que tendrá la luz de la vida», dice el Señor.

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Salmo Salmo 69 Dios mío, ven en mi auxilio

¡Señor, sálvanos,
que nos hundimos! (Mt 8,25)

Ant. 2 Yo soy pobre y desgraciado: Dios mío, socórreme.

Dios mío, dígnate librarme;
Señor, date prisa en socorrerme.
Sufran una derrota ignominiosa
los que me persiguen a muerte;

vuelvan la espalda afrentados
los que traman mi daño;
que se retiren avergonzados
los que se ríen de mí.

Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
y digan siempre: «Dios es grande»,
los que desean tu salvación.

Yo soy pobre y desgraciado:
Dios mío, socórreme,
que tú eres mi auxilio y mi liberación.
¡Señor, no tardes!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo soy pobre y desgraciado: Dios mío, socórreme.

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Salmo 74 El Señor, juez supremo

Derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes (Lc 1, 52)

Ant. 3 Dios no juzgará por apariencias, sino con justicia y rectitud.

Te damos gracias, oh Dios, te damos gracias,
invocando tu nombre, contando tus maravillas.

«Cuando elija la ocasíon,
yo juzgaré rectamente.
Aunque tiemble la tierra con sus habitantes,
yo he afianzado sus columnas.»

Digo a los jactanciosos: «No jactaros»;
a los malvados: «No alcéis la testuz,
no alcéis la testuz contra el cielo,
no digáis insolencias contra la Roca.»

Ni del oriente ni del occidente,
ni del desierto ni de los montes,
sólo Dios gobierna:
a uno humilla, a otro ensalza.

El Señor tiene una copa en la mano,
un vaso lleno de vino drogado:
lo da a beber hasta las heces
a todos los malvados de la tierra.

Pero yo siempre proclamaré su grandeza,
y tañeré para el Dios de Jacob:
derribaré el poder de los malvados,
y se alzará el poder del justo.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios no juzgará por apariencias, sino con justicia y rectitud.

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Lectura breve:

Colosenses 3, 14-15

Procurad el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo. Y sed agradecidos.

V. Los sufridos poseen la tierra.
R. Y disfrutan de paz abundante.

 

Oremos:

Señor Jesucristo, que, por la salvación de los hombres, extendiste tus brazos en la cruz, haz que todas nuestras acciones te sean agradables, y sirvan para manifestar al mundo tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

 

Conclusión

(se hace la señal de la cruz mientras se dice:)

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

V. Desde la salida del sol hasta su ocaso.
R. Bendigamos el nombre del Señor.

Flecha

 

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