Un anhelo ferviente
hay en mi pecho
que sólo tú conoces, oh Señor,
el deseo de ser toda mi vida
un puente
entre los hombres y tu amor.
Un puente
que partiendo de mi nada
llegue a la orilla de tu eternidad.
Un puente al que todos
pisar puedan
en busca de tu amor y tu amistad.
No importa que el dolor
de mil pisadas
dejen en él huellas ensangrentadas,
yo sólo quiero ser
un puente divino,
y que seas tú final de ese camino.
Señor, haz que este puente
no se rompa
mientras pueda servir
a mis hermanos
y cuando nadie ya lo necesite,
destrúyelo a tu antojo
entre tus manos. |