En la Liturgia de las Horas la Iglesia, desempeñando
la función sacerdotal de Cristo su cabeza, ofrece a Dios,
"sin interrupción" el sacrificio de alabanza, es decir,
la primicia de los labios que cantan su nombre.
Esta oración es "la voz de la misma Esposa que habla
al Esposo; más aún: es la oración de Cristo, con su Cuerpo,
al Padre" "Por tanto, todos aquellos que ejercen esta función,
por una parte cumplen la obligación de la Iglesia
y por otra participan del altísimo honor de la Esposa
de Cristo,ya que, mientras alaban a Dios, están ante
su trono en nombre de la madre Iglesia."
ENERO 2009