Primera lectura Lectura del libro de la Sabiduría 12, 13. 16-19
Salmo responsorial: Salmo 85, 5-6. 9-10. 15-16a R./ Tú, Señor, eres bueno y clemente.
Aleluya Mt 11, 25
EVANGELIO † Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 24-43
Meditando en comunidad El gran tema de esta parábola, no es la convivencia entre trigo y cizaña, hablando de la Iglesia como germen del Reino y el mundo. El tema es la reacción de los peones “¿Quieres que vayamos a arrancarla?” El amo ordena dejar que convivan trigo y cizaña y tiene que ver con lo que en aquellos tiempos se llamaba “la impaciencia mesiánica” y saber qué hacer con los malos. Este problema se da en la comunidad cristiana primitiva porque heredan una creencia propia de Israel que decía que con el advenimiento del Mesías llegaría una gran purificación, de Israel y del mundo, haciendo pie en la santidad divina y sin existencia del pecado. Llega el Mesías y hay un gran desencadenamiento del mal (destrucción del Templo, Jerusalén arrasada por los romanos, persecuciones a los cristianos) pareciendo que la impiedad surge como nunca y la purificación no ha llegado. Haciendo memoria de las enseñanzas de Jesús recuperan esta parábola en la que la premisa es paciencia, tolerancia a que trigo y cizaña crezcan juntos. La tentación de terminar con el mal de la Iglesia primitiva es, también hoy, nuestra tentación frente a los malos y la hipocresía dentro de la Iglesia. Jesús elige la cizaña porque es parecida al trigo con la diferencia que en el momento de la cosecha, la espiga de trigo tiene sus granos dentro y la espiga de cizaña no tiene nada. Jesús le habla a personas que han recibido la siembra de su Palabra la han acogido pero, unas tienen consistencia de fruto adentro y otras se parecen pero están vacías. Solo se parecen en la conducta y hasta en cierta vida interior (vacías sus prácticas, sus palabras, su interior) pero no están llenas del Espíritu Santo y de caridad que es el fin de la ley de Cristo. La tentación de “arrancar” fue de la Iglesia primitiva, nuestra también y tentación de la Iglesia de todos los tiempos, sobre todo en los períodos de grandes deseos de santidad y con la impaciencia con lo que no anda bien con exageraciones del espíritu evangélico que no están acompañadas por el Espíritu de Dios. Cuanto más penetremos en la Palabra del Señor más tolerancia tendremos entre religiones, entre morales aún con aquellas que a veces se extienden hasta la exageración, sin fronteras morales. El gran conflicto del hombre y origen de guerras es que de un lado está la cizaña y del otro el deseo de arrancarla pero el Señor enseña que ninguna comunidad es perfecta. Ante la mala fe que vemos en otros tenemos que descubrir la propia cizaña; la vuelta humilde sobre uno mismo nos va a llevar a la paciencia. Comprender el mal en los otros y su dolor nos ayuda a no caer en un juicio inevitable. Lo que vemos del otro siempre es poco para un juicio condenatorio aunque no para un juicio de valor. La persona henchida por el amor de Dios no juzga con dureza. La presencia del Mesías es para la purificación. La Palabra de Dios es la entidad purificadora en la Iglesia y en el mundo. Trigo y cizaña no son necesariamente personas distintas sino, parte de nuestro propio corazón y están hasta trenzadas en sus raíces. Pueden ser momentos de una persona que va evolucionando de cizaña a trigo y de trigo a cizaña. San Juan dice: “Yo no los voy a condenar. La Palabra que les anuncié es la que los condena”. En el rechazo al anuncio de Cristo está la purificación del Juicio final. Confrontando el corazón con la Palabra se está en un proceso purificatorio; la llegada del Mesías al corazón lo está limpiando, quitando cizaña y haciendo madurar el trigo limpio. La gran motivación es el Juicio final que significa que se acabó el tiempo no la Misericordia. El Juicio es la fuente de la que brota la capacidad de la tolerancia frente a la cizaña, de convivencia porque se puede mudar en trigo, de paciencia dando tiempo al proceso propio y al de los otros, aceptando de uno mismo males, defectos y límite para no transferir a los otros nuestro enojo. Hay que aprender a aceptarse pacíficamente porque Dios nos acepta con Amor. La Justicia final es la divina y la que rezamos en el Credo: “...vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos...” Tenemos que pensar el Juicio final como esperanzador porque ningún mal, ningún escándalo va a quedar sin el castigo correspondiente y quien vivió en la injusticia va a recibir la satisfacción por todas sus penas. Juicio significa justicia final. Todo lo que hace una persona cae en Dios y en Él no existe olvido. Todo el anhelo de amor que tuvimos va a ser satisfecho; las oportunidades aprovechadas serán premiadas y por las desaprovechadas rendiremos cuentas. Finalmente...todo terminará bien. El Señor nos recuerda que solo Él ve el corazón y sabe si tiene semilla o está vacío. Su Justicia será verdadera y esa esperanza le debe hacer al cristiano tolerar el mal del escándalo porque todo va a ser recogido en las manos de Dios. Tratemos de llenarnos de esperanzas y anhelos. Detectemos las rispideces interiores que tenemos que nos enojan y alejan.
|
© EV - Fraternidad Santa María del Encuentro - Ruta 27 – nº 6050 – Tigre (B) - Mensajes: 03327-48- 4175 / 011-5649-4175 |