FSME 22 de junio de 2008
semana XII
del Tiempo ordinario

Ciclo “A”

Primera lectura
Libró la vida del pobre de manos de los impíos

Lectura del libro de Jeremías 20, 10-13

Dijo Jeremías:
«Oía el cuchicheo de la gente:
"Pavor en torno; delatadlo, vamos a delatarlo.

Mis amigos acechaban mi traspié: "A ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él."

Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado;
mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo.
Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo eterno que no se olvidará. 

Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomas de ellos, porque a ti encomendé mi causa.  Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos.»

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial: Salmo 68, 8-10. 14 y 17. 33-35

R./ Que me escuche tu gran bondad, Señor.

Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre;
 porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R/.

Pero mi oración se dirige a ti,
Dios mío, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión, vuélvete hacia mí. R/.

Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. 
Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos.
Alábenlo el cielo y la tierra,
las aguas y cuanto bulle en ellas. R/


SEGUNDA LECTURA
No hay proporción entre el delito y el don

Lectura de la carta san Pablo a los Romanos 5, 12-15

Hermanos:
Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.

Porque, aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pecado no se imputaba porque no había Ley.  A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que había de venir.

Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud.

Palabra de Dios.

Cruz

 


Aleluya Jn 15, 26b. 27a

    El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí -dice el Señor-;
    y también vosotros daréis testimonio.


EVANGELIO
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo

Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 26-33

    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:- «No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse.

    Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea.

    No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma.  No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos?  Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre.  Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados.  Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.

    Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.»

    Palabra del Señor.

     


Meditando en comunidad

 Este Evangelio es la prolongación del domingo pasado, cuando Jesús muestra su compasión pastoral por el pueblo abatido y fatigado, porque la vida de la gente se hace infeliz cuando no es fiel al Evangelio, por alguna forma de ausencia de Dios, por alguna forma de la actividad del pecado en el hombre y en el mundo. Cuando se llega a la raíz del pecado, en la ausencia de Dios y en toda forma de injusticia que daña a los hombres, la compasión  muta en coraje que se apoya en la dignidad de la libertad.

Los dos temas de este Evangelio son el anuncio y el temor. Jesús reclama a sus Apóstoles que sean claros testigos de su doctrina “ante quien lo necesite”.
Esta misión de testigos públicos de la Verdad de Jesús, necesariamente, va a engendrar temor en el discípulo, por eso les dice: “No teman”.
Jesús no proscribe la aparición del temor en el anuncio sino que nos lleva, para superarlo o no,  a apoyarnos en un cimiento sólido, el Evangelio.

El temor, tarde o temprano, va a ser una vicisitud en la historia de un Apóstol. Si nunca aparece en el anuncio explícito de Jesús, puede ser por una personalidad cristiana muy fuerte como don de Dios o, por no haberse atrevido al testimonio.

Jesús define la misión de Pedro, el que tiene que ser el primero de los testigos: “Confirma a tus hermanos en la fe”, para que comunique su propia firmeza de fe a otros.
Lo tiene que hacer : “Cuando vuelvas...”, cuando vuelva  de las negaciones. Pedro que le había dicho al Señor que lo iba a acompañar hasta la muerte, lo negó tres veces... por  temor.

El temor aparece como normal en algunas situaciones de la vida y hay que hacer firmes a otros en la fe, desde la experiencia de la propia debilidad y fortalecidos por la Gracia. El cristiano que tiene profundas convicciones propias acerca de Dios y Su señorío sobre la propia vida y sobre el mundo, sabe que eso tiene que ser defendido aún a costa de su propia sangre.

La Iglesia y cada creyente tiene un destino de persecución y muerte; no tenemos derecho a esperar una Providencia distinta de la de Jesús. “El discípulo no es mas que el Maestro”.
No por tener fe nos va a ir mejor que a otros.

En el testigo, la compasión  tiene que tornar en coraje venciendo el  temor fundado en alguna inseguridad. El instinto de seguridad es algo básico que llevamos muy dentro y necesitamos la seguridad que da la pertenencia a un grupo. Algunos buscan la seguridad en la doctrina, otros en la aprobación de los demás pasando el dogma a segundo plano. Jesús, en este Evangelio, da como fuente de seguridad, el ser reconocidos por Cristo ante su Padre.

Las formas de retracción del testimonio de Cristo puede ser por timidez, tibieza, ambigüedades en el anuncio o el silencio culpable.

En las experiencia de vida se dan:

  • Por vergüenza. Cuando la palabra pecado se pone en la mesa genera situaciones no queridas.
  • Por la necesidad de ser aceptados, de seguir siendo interlocutor para el otro se silencia el testimonio
  • Por sentir que no se es digno y que, por nuestras incoherencias, no tenemos autoridad para dar testimonio
  • Porque en el ámbito profesional cuesta definir dónde termina el profesionalismo y dónde silenciamos las convicciones.
  • Por el poder que otros ejercen que lleva a silenciarnos. El coraje no tiene que ser torpe ya que buscamos la eficacia del mensaje del Evangelio que eficazmente transforme al otro.
  • El temor a salir a mostrarse a los que piensan diferente de nosotros, fuera de los ámbitos de fe.

Hay situaciones de vida que nos dan coraje evangélico, libertad interior que nos afirma en Cristo,  fe que nace en el corazón y puede seguir su dinamismo hasta expresarse en público.
El valor del testimonio empieza por escuchar y aceptar el testimonio del otro respetuosamente. Hay que confiar que la eficacia del anuncio del Evangelio; Cristo  tiene la fuerza, no nosotros. Hay que animarse a testimoniar sabiendo que Dios no elige a los preparados sino que, prepara a los que elige. Se trata de la convicción en el anuncio, el conocimiento, necesariamente, nos va a llevar a conocer mas la fe y, como decía Pedro: “dar razón de la esperanza”.

La experiencia de Comunidad, el prototipo de Pentecostés, facilita el testimonio, aún con las miserias propias de cada uno. Hay que confiar en la fuerza del Espíritu en el corazón.


Este Evangelio, con promesas y amenazas, debiera llevarnos al coraje de la fe y de confianza en el fortalecimiento del Espíritu Santo.
La esperanza del Cielo nos debe animar a ser testigos de Cristo en nuestros ámbitos de vida.

Familia

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