FSME 11 de julio de 2010
Domingo 15ª durante el año
Ciclo “C”

PRIMERA LECTURA
El mandamiento está muy cerca de ti; cúmplelo

Lectura del libro del Deuteronomio 30, 10-14

Moisés habló al pueblo, diciendo:

— «Escucha la voz del Señor, tu Dios, guardando sus preceptos y mandatos, lo que está escrito en el código de esta ley; conviértete al Señor, tu Dios, con todo el corazón y con toda el alma.

Porque el precepto que yo te mando hoy no es cosa que te exceda, ni inalcanzable; no está en el cielo, no vale decir: “¿Quién de nosotros subirá al cielo y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?”; ni está más allá del mar, no vale decir: “¿Quién de nosotros cru­zará el mar y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?”

El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo.»

Palabra de Dios.


Salmo responsorial: Salmo 68, 14 y 17. 30-31. 33-34. 36ab y 37

R./ Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

Mi oración se dirige a ti,
Dios mío, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión, vuélvete hacia mí.   R/.

Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias.   R/.

Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos.   R/

El Señor salvará a Sión,
reconstruirá las ciudades de Judá.
La estirpe de sus siervos la heredará,
los que aman su nombre vivirán en ella.    R/


SEGUNDA LECTURA
Todo fue creado por él y para él

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses
1, 15-20

Cristo Jesús es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo,
y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo:
de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Palabra de Dios.

Xto

Aleluya cf. Jn 6, 63c. 68c

    Tus palabras, Señor, son espíritu y vida;
    tú tienes palabras de vida eterna.


EVANGELIO
¿Quién es mi prójimo?

Lectura del santo evangelio según san Lucas 10, 25-37

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:
— «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?»
Él le dijo:
«Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?»

Él contestó:
— «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.»

Él le dijo:
«Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.»

Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse. preguntó a Jesús:
— «¿Y quién es mi prójimo?» Jesús dijo:
— «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo.
Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo:
“Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta.” ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayo en manos de los bandidos?»
Él contestó:
— «El que practicó la misericordia con él.»
Díjole Jesús:
«Anda, haz tú lo mismo.»

Palabra del Señor.


Meditando en comunidad

En la primera lectura, del libro del Deuteronomio, Dios asegura y es garante del futuro de Israel, de aquello que es objeto de la esperanza del pueblo. Toda forma de crisis humana es una crisis de esperanza pero Dios se hace garante de nuestro futuro a cambio de escuchar la voz del Señor y convertirnos con todo corazón y toda el alma. Escuchar a Dios es posible porque la Palabra está en la boca y en el corazón del hombre para que la ponga en práctica.

La Palabra de Dios que se debe escuchar es trascendente pero al estar en nuestra boca y corazón es inmanente. Trascendente porque viene del más allá, no de forma geográfica, sino porque es distinta; viene de Otro que es absolutamente distinto, no semejante a nosotros: es Dios. La Palabra viene como un apercibimiento de lo que, de otra forma, no podríamos saber y, paradójicamente, la llevamos en la boca y en el corazón como un código genético de lo más íntimo que constituye el ser y nos hace más humanos y diferentes a los otros, nuestro yo. La Palabra está en el corazón porque más que ser muchas palabras en una Persona, es Jesús, Dios-palabra hecho carne. La Palabra, siendo totalmente diferente a nosotros, está próxima.

Un primer acercamiento a la parábola del buen samaritano es pensar que la palabra samaritano es un apodo que Jesús se da a si mismo; Él se describe en esta parábola: es el que se ha salido del camino para atender al herido. Cristo hecho carne que dejó su gloria divina para acercarse a nuestra herida... y sanarla.

En la Encarnación, Dios se hizo prójimo nuestro y en la Ascensión el hombre se ha hecho prójimo de Dios aproximando lejanías que, en realidad, son insalvables porque Dios es distinto. El gran prójimo, el gran samaritano que nos ha sido dado a todos es la Palabra, es Cristo palabra humanizada y, su modo de sanarnos ha sido quedar definitivamente marginado por el hombre en la Cruz. Su modo de curarnos fue aceptar el destino de marginalidad y muerte del ser humano.

El Señor nos muestra un camino. El levita y el sacerdote siguen el camino del yo; sumergidos en sus propios intereses no ven lo que pasa al borde del camino. Sumergidos y también cuestionados por Jesús, en los condicionamientos religiosos que no vienen de Dios sino de los hombres (tocar un herido era quedar impuro). Hay un camino del yo, de condicionamientos internos: se nos pide un acto de libertad de poder suspender los intereses interiores que nos impidan ver. Y, se nos pide aún más: la purificación de nuestras intenciones.
Se nos propone andar al margen del camino, quitar los propios intereses del centro de nuestra vida para que el eje vital no sea el yo sino cualquier otro, cualquier forma de herido que Dios nos proponga en nuestro caminar.

La realización plena del ser humano se va a dar siempre en otro: primero en el Otro divino, que hoy la liturgia llama Palabra; concentrándonos es Su voz y no en la nuestra y concentrándonos en el otro, el yo se va a desplegar verdaderamente para lo que fuimos hechos. El mirarse solo a uno mismo atrofia la mirada y deviene en frustración.

Para practicar este Evangelio no hay que salirse de ningún camino sino cuestionar los motivos del que hacemos cotidianamente. La intención es idea más fuerza, que motorizan la vida.

No debemos plantearnos si vamos a servir al prójimo o no; en los cristianos se supone como algo adquirido como conciencia pero, de saberlo a vivirlo puede haber un largo trecho. El tema es cómo se anda ese trecho, cómo se desarrolla el arte de ser samaritano, cuidando las intenciones que nos mueven diariamente, si se busca el beneficio personal, brillar ante los demás, por el honor o es por el gusto de hacer las cosas bien. Considerar cuando se hace un bien si el otro es merecedor muestra el yo en el centro de la vida. Asombra la ingenuidad con que nos miramos a nosotros mismos, justificándonos cosas que son injustificables, dejando pasar por el corazón malas intenciones sin percibirlas. No detectar las intenciones impuras que motorizan nuestras acciones es peligroso porque devienen en formas de soberbia, en justificar proyectos o tendencias empleados en uno mismo.

Purificar la intención no es hacer una caza de brujas dentro de uno mismo, con sentimiento de culpa, sino el deseo de promover nuestra caridad. La conversión de las intenciones que tienen al yo como centro, a las más puras que tienen a la Palabra y al otro como centro, es posible, es realizable porque está en nuestra boca y en nuestro corazón. El Señor nos pide perseverar en el camino que hayamos optado pero mirando la intención con astucia, sin miedo, sin ingenuidad. El ingenuo puede ser peligroso y llega a dañar pensando que hace un bien.

El drama de la existencia humana es ser libre o no serlo. Lo que condiciona, básicamente, la libertad de un individuo son los condicionamientos internos, los intereses del yo no detectados como los del levita y el sacerdote de la parábola. Quien no conoce sus condicionamientos ha perdido parte de su libertad. Libertad es disponer de uno mismo. Un hombre libre es el que se tiene, que todas las cualidades de su personalidad están agrupadas en un acto de libertad. Tenerse es la condición para poder darse. Creer que la libertad está limitada solo por las condiciones externas hace un ser social peligroso que obra sus intereses llamándolos libertad. Esta parábola nos llama a la libertad del samaritano y a la capacidad para detenerse en el camino sin un interés propio que lo inhiba de darse, porque se tiene. La diferencia entre ser y querer ser humilde radica en que el hombre humilde reconoce que todo lo que tiene viene de Dios La medida en que se escucha la Palabra de Dios es la medida en que se escucha a los que nos rodean. Con la Palabra de Dios, al menos por un tiempo, podemos hacer construir un ídolo que halague nuestras intenciones, frente a otro ser, no.


Anima saber que podemos ser como el buen samaritano en la medida que alguien lo haya sido con nosotros, básicamente, el Señor Jesús. En la medida que podamos experimentar en nuestra vida que Cristo bajó de su cabalgadura para ponerse a nuestro costado, encargarse de nosotros y llevarnos a un albergue para ser cuidados entenderemos que lo hizo a través de otros.

En silencio repasemos en nombre de las personas que en nombre de Dios han sanado heridas en nuestra vida para agradecer por ellas. De ahí surgirán nuestras fuerzas.

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