Esperanza
en la enfermedad


 


Salmo 31 (30)

A ti, Señor, me acojo;
que jamás quede yo defraudado;
libérame, pues tú eres justo;
atiéndeme, ven corriendo a liberarme;

sé tú mi roca de refugio,
la fortaleza de mi salvación;
ya que eres tú mi roca y mi fortaleza,

por el honor de tu nombre,
condúceme tú y guíame;
sácame de la red que me han tendido,
pues tú eres mi refugio.

En tus manos encomiendo mi espíritu;
tú me rescatarás,
Señor, Dios verdadero.

Tu amor será mi gozo y mi alegría,
porque te has fijado en mi miseria
y has comprendido la angustia de mi alma.

Qué grande es tu bondad, Señor,
la que tú reservas para tus leales
y repartes, a la vista de todos,
a los que en ti confían;

Bendito sea el Señor,
pues su amor me hizo un milagro
en una ciudad amurallada.

Yo decía en mi turbación:
«Estoy dejado de tus ojos»;
mas tú escuchaste la voz
de mi plegaria,
mi grito suplicante.

Ánimo, sed fuertes
todos los que esperáis en el Señor.






MM

 


 

 

Al desembarcar,
vio mucha gente,
sintió compasión de ellos
y curó a sus enfermos.

Mateo 14,14

 





petrelcina

 


 

 

 

 

No descuides
visitar al enfermo,
que por obras
de éstas ganarás amor.

Eclesiástico 7,35


Oración por los enfermos

Santo padre Pío,
ya que durante tu vida terrena
mostraste un gran amor por los enfermos
y afligidos, escucha nuestros ruegos e intercede ante el Padre misericordiosos por los que sufren.

Asiste desde el cielo
a todos los enfermos del mundo;
sostiene a quienes han perdido
toda esperanza de curación;
consuela a quienes gritan o lloran
por sus tremendos dolores;
protege a quienes no pueden atenderse
o medicarse por falta de recursos materiales
o ignorancia;
alienta a quienes no pueden reposar
porque deben trabajar;
vigila a quienes buscan en la cama
una posición menos dolorosa;
acompaña a quienes pasan las noches insomnes; visita a quienes ven que la enfermedad
frustra sus proyectos;
alumbra a quienes pasan una "noche oscura"
y desesperan;
toca los miembros y músculos
que han perdido movilidad;
ilumina a quienes ven tambalear su fe
y se sienten atacados por dudas
que los atormentan;
apacigua a quienes se impacientan viendo
que no mejoran;
calma a quienes se estremecen
por dolores y calambres; concede paciencia,
humildad y constancia
a quienes se rehabilitan;
devuelve la paz y la alegría
a quienes se llenaron de angustia;
disminuye los padecimientos
de los más débiles y ancianos;
vela junto al lecho de los que perdieron
el conocimiento;
guía a los moribundos al gozo eterno;
conduce a los que más lo necesitan
al encuentro con Dios;
y bendice abundantemente a quienes
los asisten en su dolor,
los consuelan en su angustia
y los protegen con caridad. Amén.


 


Endereza tu corazón, manténte firme,
y no te aceleres en la hora de la adversidad.

Adhiérete a él, no te separes,
para que seas exaltado en tus postrimerías.

Todo lo que te sobrevenga, acéptalo,
y en los reveses de tu humillación sé paciente.

Porque en el fuego se purifica el oro,
y los aceptos a Dios en el honor de la humillación.

Confíate a él, y él, a su vez, te cuidará,
endereza tus caminos y espera en él.

Los que teméis al Señor,
aguardad su misericordia,
y no os desviéis, para no caer.

Los que teméis al Señor, confiaos a él,
y no os faltará la recompensa.

Los que teméis al Señor, esperad bienes,
contento eterno y misericordia.

Mirad a las generaciones de antaño

y ved:
¿Quién se confió al Señor
y quedó confundido?
¿Quién perseveró en su temor y quedó abandonado?
¿Quién le invocó y fue desatendido?

Que el Señor es compasivo y misericordioso,
perdona los pecados
y salva en la hora de la tribulación.

Pues como es su grandeza,
tal su misericordia.

Eclesiástico 2, 2-11. 18b

 

 
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