Eficacia de la oración y adoración

¿Hay que buscar resultados en la oración de adoración?
La oración de petición puede ser eficaz.
Antes de un examen, pedimos a Dios salir bien en el examen, deseamos que esta oración sea eficaz, obviamente.
Frente a alguien enfermo pedimos a Dios que lo cure y le suplicamos que esta oración sea eficaz.
La oración de petición implica el deseo de ser atendido, y Santo Tomás nos dice que la oración de petición siempre es eficaz.
En efecto, siempre lo es, pero no forzosamente según la modalidad que pensábamos.
Por ejemplo, le pedimos a Dios que mañana haga buen tiempo porque queremos hacer una excursión.
Nuestra oración es eficaz, pero no quiere decir que necesariamente mañana hará buen tiempo. Dios escuchó nuestra oración y, para nuestro mayor bien, quizá hará caer un aguacero en el momento preciso para que podamos hacer otra cosa que será un mayor bien para nosotros.
No tenemos derecho a decir “Dios no escuchó mi oración”. Sí, escuchó nuestra oración, pero respondió de otra manera.
No siempre es fácil dialogar con Dios, porque es un diálogo con alguien infinitamente superior a nosotros y que nos ama infinitamente más de lo que nos amamos nosotros mismos. Nosotros pensamos siempre que lo que deseamos es nuestro mayor bien, pero no siempre es el caso y Dios, que lo sabe, nos corrige porque nos ama. Dios quiere llevarnos más lejos, porque quiere que vayamos más alto en su luz.
La adoración, por definición, nos es una oración de petición, en la adoración no pedimos nada, nos ofrecemos a Dios.
Su “eficacia” es puramente interior: la adoración me atrevería a decir, tiene una “eficacia de amor” que nos acerca a Dios y nos vuelve dóciles al Espíritu Santo.
No es una eficacia en el sentido en que se produjera un fruto exterior: el “resultado” es interior.
Por eso, decimos ordinariamente que la adoración no tiene eficacia en cuanto a un fruto exterior, mientras que la oración de petición tiene una, aun si, una vez más, el bien que Dios nos otorga no es el que habíamos pedido.
Añadamos que, cuando rezamos a Dios, no le pedimos solamente por nosotros mismos, sino por todos los hombres, como Jesús lo hizo.
Cada vez, en efecto, que Jesús se dirigía al Padre, lo hacía por todos los hombres. Nuestra oración es universal, es Católica.
No podemos rezar a Dios sin que nuestra oración sea universal, lo cual no impide ser una oración personal que se dirige directamente a Dios.
Padre Marie-Dominique Philippe
Nacido en 1912 en Cysoing en el Norte de Francia, es octavo de una familia de doce hijos,
de los cuales siete escogieron la vida religiosa.
Alentado por su tío, el padre Pierre-Thomas Dehau, dominico, entró en la Orden de los Hermanos Predicadores en 1930.
Hizo sus estudios de filosofía y de teología en el "Saulchoir" de Kain (Bélgica) y fue ordenado sacerdote el 14 de julio de 1936.
Profesor de teología en el "Saulchoir" de Etiolles, cerca de Paris, fue profesor de filosofía en la Universidad de Friburgo de 1945 à 1982.
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